dimecres, 12 de novembre de 2014

La disparé hace 9.305 días


Puede que tuviera suerte, puede que supiera rodearme de un equipo de colaboradores fantásticos, puede que los astros estuvieran alienados a mi favor, puede, quizás, tal vez… no sabria deciros que ocurrió aquel día, pero la fotografía con la que hoy ilustro este post ha sido la que me ha proporcionado mayores ingresos a lo largo de mi carrera profesional. Éstos no me fueron ingresados en mi cuenta bancaria por las pocas horas en las que trabajé tomando la imagen, los millones de pesetas que gané fueron por algo que se llama DERECHOS DE AUTOR
Sí, hubo un tiempo que en Barcelona los fotógrafos desde la AFP luchamos para que los DERECHOS DE AUTOR nos fueran reconocidos y durante un tiempo, corto, algunos, lo logramos. Pero no tardaron en aparecer los fotógrafos jóvenes y no tan jóvenes que renunciaron a ellos, con el único afán de hacerse con una buena campaña, y esta situación fue magníficamente aprovechada por las grandes agencias de publicidad. Evidentemente algun día los fotógrafos tendremos de analizar que hemos hecho nosotros con nuestra profesión para que ésta se encuentre en la situación (respecto a los derechos de autor) en la que está. 

La disparé hace 9.305 días y si la imagen debe ilustrar un campaña publicitaria mundial para el grupo Martini Rossi, lo primero en lo que hay que centrarse es en elegir una buena modelo, pero jamás una “chica sexy, explosiva, vulgar…”. Así, con esas mismas palabras, me lo transmitieron los directores ejecutivos y creativos de Mc Cann Erickson de Barcelona. 
Como disponía de presupuesto no hubo problema con la modelo, y ésta viajó a Barcelona exclusivamente para este trabajo. Tenía permiso municipal para trabajar en dos localizaciones en la zona de la Diagonal y empecé a trabajar en la más tranquila para tomar contacto con la modelo, pero enseguida me percaté de que la localización no funcionaba. Nos trasladamos a la segunda, delante de la parada de taxis que hay en la calle Joan Güell, entre el Corte Ingles de Diagonal y el Boulevard Rosa y, aquella decisión fue parte del gran éxito. El acting de la modelo era –como si anduviera, pero sin andar, debía darse la vuelta, con un golpe de cabeza potente para mover la melena, como si alguien la hubiera llamado para tomarle una foto robada- así una y otra vez. Hasta aquí todo normal, sin problemas, pero la cosa se fue complicando, ya que su mini y ajustadísimo vestido a cada dos movimientos se iba subiendo, subiendo, subiendo… los taxistas, como no querían perderse el espectáculo no aceptaban pasajeros, y empezaron a animarla, a aplaudirla, a decirle lo bien, lo guapa, lo increíblemente… y esto que pudiera haber sido un problema, subió el ego de la modelo a cotas insospechadas haciendo que ella entrara de lleno en su papel. Y fue entonces cuando me dediqué a corregir pequeños movimientos suyos y aspectos técnicos de la realización. 
Trabajé con la Nikon F3 disparando a ráfagas cortas, con un tele de 350 mm. catadióptico a f 5,6 para conseguir un desenfoque importante que no se reconociese el fondo urbano, usé transparencia forzada a 200 Asa que me daba un grano que ayudaba a la sensación de foto robada y una obturación rápida que congelase el movimiento. No utilicé ningún tipo de pantalla ni apoyo lumínico, busqué la hora óptima de luz en la localización, y acabé la sesión cuando la modelo no podía más de torcer el cuerpo y dar golpes de cabeza para que volase su melena. 
Seleccionar las imágenes fue tarea ardua y hasta que el conde Rossi no firmó por detrás la copia de la imagen seleccionada no se inició la campaña, la más fructífera de mi carrera.