dimecres, 23 de desembre de 2009

Caprichos crueles

“No es necesario que a uno le gusten los perros para sucumbir al encanto de esta hermosísima y luminosa fábula. El más imaginativo y menos predecible de los escritores, explora nuevos territorios, corre riesgos inesperados y nos deslumbra” así escribía Jonathan Yardley en The Washington Post sobre la novela Tombuctú, donde Paul Auster nos presenta a “Mister Bones” un perro de raza indefinida, pero de una inteligencia muy precisa.
Me gustaría que por un momento analizáramos la responsabilidad de sucumbir a los caprichos, demandas y suplicas, muchas veces de los más pequeños de la casa, y convertimos un animal de compañía en un juguete. Quiero creer que la crueldad del abandono es fruto del desconocimiento –aunque esto no exime nuestra culpa- . Un perro supone compromiso y obligaciones, requiere atenciones, cariño y dedicación, no lo olvidemos.