dilluns, 2 de juny de 2014

Flashback 242

El puerto egipcio de Alejandría es la puerta de salida hacía el Mediterráneo y aunque íbamos con prisa para regresar a casa, todavía tuvimos algo de tiempo para una breve visita a la ciudad de Alejandría. 
Un dia gris de invierno, que invitaba a la reflexión sobre lo vivido, compartido, sufrido, experimentado… durante seis meses a traves de veintidós países, embarcamos destino Europa abandonando definitivamente el continente africado. El ferry en el que embarcamos sólo estaba cargado con dos camiones y nuestro Land Rover en la bodega. La travesía transcurría entre las islas griegas y el estrecho de Dardanelos. El mar estuvo terriblemente agitado durante todo el trayecto; el ferry prácticamente vacío se movia a niveles insospechados y difíciles de soportar en general, pero para mi que soy propenso al mareo fue un auténtico suplicio que me robó toda posibilidad de tomar fotografías. 

En Venecia los tramites aduaneros fueron rápidos, a pesar de todo el material que trasportábamos para el Museo de la Piel de Igualada, y concluidos, decidimos poner rumbo a Barcelona de una sola tirada. Era Enero, el Land Rover estaba en fase terminal desde hacia días, andábamos sólo con tracción delantera, el tubo de escape se rompió a la salida del motor y en consecuencia circulábamos con el interior del vehículo lleno de Co2 a pesar de tener todas la ventanillas abiertas. El frio era tal que la barba del conductor estaba llena de escarcha, ya que para ver entre la espesa niebla y mitigar en algo el escozor en los ojos que nos provocaba la humareda en el interior del vehículo, a causa de la rotura del tubo de escape, debía mantener la cabeza medio asomada por la ventanilla, sin olvidar el ruido infernal que los diferentes achaques del Land Rover producían. Cerca de Nimes, en plena madrugada, la policia francesa nos detuvo, conminándonos a reparar el tubo de escape al dia siguiente en un taller. La discusión sobre si podíamos permitírnoslo o no fue subiendo de tono, pero finalmente se me ocurrió que con un bote de mermelada vacío ajustado con un alambre al tubo de escape quizás amortiguaríamos algo el problema -los policías, sin estar convencidos, aceptaron y pudimos seguir nuestro viaje, aunque la solución sólo duro varios kilómetros-. 
Fuimos recibidos por un gran número de amigos y conciudadanos que celebraron entusiásticamente nuestro regreso, ya que mediante mis fotos polaroids en B/N y notas de premsa, enviadas desde las embajadas por correo diplomático, habían seguido las aventuras y desventuras de nuestro viaje de 20.000 kilómetros por el continente africano y el récord mundial de la ascensión en moto al Kilimanjaro. 

Este post lo finalizo con una foto del grupo al completo de regreso a Igualada, nuestra ciudad natal.