dilluns, 9 de juny de 2014

Flashback 243


Cuando miro mi último autorretrato, con la perspectiva del tiempo, de la aventura africana que he compartido con todos vosotros en 117 flashbacks me doy cuenta de cómo cambió la forma de afrontar la vida después del cúmulo de experiencias que almacené a lo largo de los seis meses que duró la expedición. 
Convivir en un espacio reducido -el Land Rover- con mis compañeros; superar situaciones insólitas, imprevisibles…, descubrir las innumerables etnias con tradiciones, hábitos de vida y culturas propias en los veintidós países por los que cruzamos, y todas las vivencias de este viaje me hicieron más sabio, más tolerante, más compresivo… Aprendí a aceptar al diferente, no juzgar a nadie por su apariencia y estar dispuesto siempre para el diálogo y una larga, pausada y tranquila charla que seguramente desembocaría en un buen acuerdo. Quizás por eso soy gran defensor del viajero, y no tanto del turista a la japonesa ya que el viajar pausadamente –bien entendido- nos hace mejores y nos permite contactar, comunicarnos y ampliar nuestro bagaje que bien seguro nos hará también más libres. 

La burocracia y los tramites administrativos que las potencias colonizadoras dejaron como herencia en África cuando se marcharon, a las que yo, como responsable de esta área en la expedición, tuve que hacer frente, me fortalecieron frente a las adversidades formales de la vida, y aunque, a veces, rocen lo absurdo son trámites que no se pueden obviar. 

El esfuerzo, el trabajo en equipo, el análisis minucioso, la aplicación de una regla básica en todo proyecto como es el –sentido común- me han dado pautas de actuación en mi vida -demostrándome que hay sueños, metas, objetivos… que aún pareciendo impensables e inalcanzables son posibles-.

Saber cuando y como disparar una fotografía; improvisar ante hechos imprevistos; encontrar intuitivamente el mejor punto de vista; comunicarte con el paisaje y su gente, integrarse en el ambiente… y que, a la vez, las imágenes muestren aquello que te interesa como autor y quieres transmitir a los lectores de imágenes. 
Disponer de un cuaderno de notas entre el equipaje, ya que (más adelante en un futuro proyecto) quizás necesites un texto que acompañe las imágenes dotándolas de un sentido más amplio. Archivar y clasificar correctamente; también rechazar y desestimar aquellas que no sumen al proyecto, ya que sólo con un buen comisariado será factible construir a través de ellas –no dejemos que una mala imagen estropee todo un conjunto, seamos valientes en determinar cuales deben ser eliminadas- . Y en último lugar saber entusiasmar a terceras partes, para que nos ayuden ha hacer visible nuestro trabajo, todo ello forma parte de la experiencia adquirida en el viaje expedicionario. 

Aunque se que puede parecer exagerado, manifiesto que los 20.000 kilómetros recorridos por el continente africano me aportaron una multiplicidad de nuevas experiencias cambiantes y gran parte de los conocimientos incorporados, me ayudaron enormemente haciendo mejores mi vida personal y profesional. 

Con las reflexiones de este post a partir del autorretrato tomado en la frontera Sudanesa, finalizo los flashbacks correspondientes a la etapa de la expedición en moto Igualada-Kilimanjaro, tomándome un tiempo de asueto para regresar en otoño.