dimecres, 18 de febrer de 2015

La disparé hace 4.380 días


Sí un buen entendimiento es fundamental en toda relación laboral, si éste se subscribe a relaciones entre equipos creativos es, definitivamente, crucial que fluyan las sinergias, que los códigos sean compatibles y que nadie desfallezca en el camino hacía la meta. 
Si en publicidad el interlocutor para el fotógrafo es el director creativo, en las editoriales de moda es la directora de moda y, sin una excelente sintonia con ambos difícilmente habrá resultado óptimos. 

La disparé hace 4.380 días y ella formaba parte de una colección de nueve fotografías más portada para la revista DMODA, editada en catalán, en la cual colaboramos yo y mi equipo. No siempre he trabajado en grandes producciones, ni he dispuesto de considerables presupuestos, pero he sabido adaptarme a las circunstancias y transformar las adversidades, inconvenientes y carencias en ventajas al servicio de la sesión fotográfica. 
El compromiso de todo el equipo es básico en cualquier sesión fotográfica, pero si estamos hablando de recursos limitados es imprescindible, ya que sólo sumando esfuerzos e ilusiones será posible alcanzar determinadas cotas. 

El eje conductor del reportaje “Adictes a l’esport” era que las estéticas, así como determinados materiales, aplicadas a la ropa deportiva estaban influenciando fuertemente a los diseñadores en sus colecciones de ropa urbana. Para reforzar la temática del reportaje, situé la acción -en la partida o llegada a casa de una mujer trabajadora, pero deportista, vestida con un look urbano con claras influencias deportivas y con determinados elementos que nos indicaban a cual deporte ella era adicta-. 

Me decidí por una localización interior, ya que con eso cubría cualquier cambio meteorológico (lluvia, frio, viento…) que pudiera complicarme la sesión y para asegurarla aun más, seleccioné que ésta fuera subterránea (sin luz natural), ya que así controlaba de principio a fin la luz. Analizando posibles espacios que reunieran dichas características optamos por trabajar en un parking situado en una céntrica plaza de la ciudad de Barcelona y de fácil acceso a todo el equipo. El escenario de un parking, a primera vista, no es como muy sugerente y puede incluso desorientar y desmotivar al equipo, pero esa posibilidad hay que combatirla con tomas creativas y sugerentes, huyendo de imágenes simples. 

El movimiento de la modelo, las luces de fluorescentes, del parking, a más de 6.500º Kelvin de temperatura de color sin equilibrar, combinada con los faros de tonos cálidos de posibles vehículos circulando por el subterráneo, sería la atmosfera base de las fotografías. Sin despreciar, el fondo, las señalizaciones propias de paredes y suelo para completar los encuadres. 
Este planteamiento de trabajo no era posible sin utilizar un flash de bolsillo, con una potencia reducida, en la zapata de la Nikon F3 y ajustando su disparo a la cortinilla de la cámara en lugar de ajustarlo al obturador. De este modo podía trabajar con las distintas potencias lumínicas del espacio que me señalaba el fotómetro, ajustar el flash a las mismas y trabajar con obturación lenta y movimiento de cámara a la vez, para conseguir mover totalmente el fondo y detener en parte la imagen de la modelo. Trabajé con distintas ópticas cortas y transparencia Ektachrome 100 Asa luz día.