dijous, 19 de març de 2015

La disparé hace 6.115 días


Cada sesión fotográfica tiene su complejidad y podría enumerar una larga lista, pero hay productos que por sus características suelen ser más complejos que otros, y los trajes de novia, habitualmente, llegan a la sesión con una amplio y voluminoso pliego de condiciones dispuestas a romper cualquier expectativa creativa que uno haya imaginado. Ante ello sólo hay una opción posible rodearse de un buen equipo, tener un plan bien estructurado y demostrar en la primera toma que tu propuesta es válida y acorde a su línea. 

La disparé hace 6.115 días y ella formaba parte de uno de los tres reportajes que la revista Novias España me encargó para su próximo número. Recibirlo me halagó, pero también me inquietó, ya que se me exigia looks totalmente diferentes. Me centre en construir un determinado ambiente para cada colección de trajes de novia, aplicándole a cada una de ellas una determinada técnica y look fotográfico, pero sin olvidarme que los matices del traje de novia debían apreciarse y el photoshop, todavía, no estaba disponible. 

Me gusta el riesgo controlado y aunque no es comparable a la escalada, espeleología, alta montaña en invierno,… que he practicado durante muchos años, la fotografía, reconozcámoslo, tiene buenas dosis de él. Tomar una imagen que has creado previamente en tu mente y afirmar que ya la has capturado, sin visionarla, puesto que tardabas varios días en ver el resultado, me atraía poderosamente. 

Esta sesión de novias es un buen ejemplo del ejercicio de traducción que todo fotógrafo debe hacer para pasar su idea pre visualizada en la mente a la realidad. Me apetecía romper con algunos cánones del mundo wedding, en general, suele ser muy clásico, y por eso decidí disparar en una misma trasparencia 6x6 tres disparos consecutivos, ya que eso me permitía darle cierto movimiento al reportaje. 

 Superado el obstáculo de que aceptaran fotografiar una colección de trajes de novia en fondo negro –imprescindible para la realización- yo y mi equipo de producción nos pusimos en marcha. Lo primero, nada fácil, fue encontrar un plató dispuesto a pintar el ciclorama de color negro mate. Lo segundo fue calcular las diferentes exposiciones, para cada disparo, que debía realizar en la misma diapositiva cargando el obturador sin mover la película. Lo tercero, y lo más complicado, fue trasladar a la modelo mi idea de la sesión y los movimientos controlados que requería su acting para así sincronizarlos conmigo en el momento de disparar. 

Planteé las tomas con luz artificial de 3.400º Kelvin y film Ektachrome de tungsteno en mi Hasselblad 500C equipada con un tele corto de 120mm. Empleé un sólo spot con lente fresnel de 5 Kilowatios, equipado con viseras, que me permitían recortar el haz de luz que no debía incidir en el fondo del ciclorama. Este tipo de iluminación me permitía jugar con los tiempos de obturación para captar los movimientos que indicaba a la modelo, con planos más o menos cortos en cada original. 

 No voy a negar que una vez terminada la sesión, en ésta, quizás, más que en cualquier otra, apareció aquel cosquilleo que sólo desaparecía al ver el material revelado, donde se mostraba –la idea hecha realidad-.