dimarts, 28 de juny de 2016

La disparé hace 11.405 días


Lo realmente excitante del trabajo de fotógrafo creo que son los momentos en que todo aquello que estaba bajo control, en unos segundos deja de estarlo. Puede estropearse el dia; fallar la cámara; romperse una diminuta piececilla que hace que el flash no funcione; marearse la modelo o que ésta no llegue a tiempo… y así hasta un sinfín de ejemplos, pero nada mejor que algún pequeño percance para mantenerse estimulado, activo… y no caer en la rutina y la autocomplacencia. 

La disparé hace 11.405 días y fue la portada de la revista YMODA. Seleccionamos a la donostiarra Olatz, ya que como la sesión era en estudio necesitábamos alguien con personalidad, carácter y lo más lejos posible del clásico look de “chica Boom”, puesto que la directora de moda Maria Casanovas, una institución en aquellos años, lo detestaba. 
Ella era una extraordinaria modelo, se metia inmediatamente en su papel; la coordinación y armonía de sus movimientos eran del todo loables; siempre estaba dispuesta a enfrentarse a nuevos retos…, pero –por un motivo u otro- sus ojeras difícilmente la abandonaban. Si trabajabas con Olatz, sabías que la sesión sería un éxito, pero era imprescindible que estudiaras una buena luz, una luz capaz de eliminar sus ojeras y, por supuesto, una maquilladora de gran nivel como Àngela Cunill de Llongueras. 

Por aquellos años mi estudio estaba ubicado en un segundo piso de un edificio modernista del Eixample de Barcelona. Jamás había tenido problema ninguno, ya que el único inconveniente eran la cantidad de veces que había que subir y bajar las escaleras, pero éramos jóvenes y sobradamente preparados. 
No recuerdo muy bien como acordamos que sería fantástico disponer de una rueda de tractor, lo más grande posible, ya que el neumático negro contrastaría perfectamente con los colores de los bañadores, pero puedo aseguraros que no olvidaré jamás como sudamos y sufrimos para subir la inmensa rueda hinchada por la escalera hasta mi estudio. 

Tras la primera Polaroid vi que el caucho de la rueda quedaba muy mate y tuvimos que darle un toque de brillo para resaltar el negro intenso que quería contraponer a la luminosidad de los colores acidulados de las prendas de baño. 
Trabajé con la Nikon provista de un tele medio de 135mm f 2 que me daba la proporción perfecta para encajar en la imagen la cabecera de la revista y los titulares de contenidos. Iluminé con el Hazyligth de Broncolor filtrando muy bien la temperatura de color del flash para no alterar la acidez de los colores de los bañadores que acostumbran a ser colores muy ópticos y con el film Ektachrome tienden a calentarse. Una sesión perfecta para una revista rompedora que marcó una etapa de libertad creativa en los fotógrafos que habitualmente colaborábamos en ella.