dilluns, 8 d’abril de 2013

Flashback 192

En Bondo cruzamos el rio Uelé, la humedad ambiental, producida en parte por una neblina de agua evaporada, era muy alta y ésta nos dejaba los cuerpos rezumantes. Tuvimos que esperar bastante tiempo en al bac que no se ponia en marcha donde los mecánicos, de martillo y alambre, no encontraban la fórmula de arrancar el viejo motor. 
Mientras, en el embarcadero se desarrollaba una intensa actividad para cruzar, con piraguas hechas de un tronco de árbol vaciado, a los nativos procedentes de Bondo con sus compras en la cabeza. Por muy poco dinero cruzabas el rio montado en una piragua junto con tus enseres y pertenencias y tantos pasajeros como cupieran, las normas de seguridad eran inexistentes y nadie las demandaba. 
La habilidad del barquero que con un solo remo dirigia la cargada piragua de quilla redondeada nos sorprendió enormemente –pues debemos tener en cuenta que el caudal y la fuerza de la corriente fluvial eran considerables- aunque no todas las piraguas llegaban al punto de desembarco pre establecido, en los autóctonos no atisbaba ni reflejaban la más mínima preocupación por el hechos de navegar en tan precarias embarcaciones. 
Mientras esperaba para cruzar el Uelé, no pude de dejar de pensar en una canción que cantaba en los fuegos de campamento de mi época Scout, que tenia el mismo nombre del rio, me pareció, por unos momentos, que no era posible que estuviera sentado en su orilla a miles de kilómetros de mi ciudad natal, pero allí estaba fotografiando todo lo que se movia y empapándome de nuevas culturas y formas de vida.