dilluns, 3 de juny de 2013

Flashback 198

Estábamos agotados de empujar el Land Rover, llenos de barro hasta el tuétano y de pronto, como caídos del cielo, nos encontramos en medio de un poblado pigmeo en la estación de captura del Epulu que es un pequeño rio que se nutre de las cercanas montañas azules. 
El poblado celebraba una fiesta local, no sabría decir el significado estricto de la fiesta y / o el sentido de la misma, pero gran parte de su población masculina eran los celebrantes, las mujeres se mantenían expectantes y algo apartadas de todo esa algarabía, los hombres lucían máscaras de cuero pintadas con caholín blanco al igual que el cuerpo que estaba marcado por distintas formas y marcas también blancas. La vestimenta bàsica consistia en un taparrabos de tela burda atado a la cintura con un trozo de liana, algunos danzantes lucían complicados complementos vegetales en los brazos y cabeza en forma de penacho o borla. Todos llevaban tobilleras de cuero con elementos de todo tipo que actuaban como sonoros cascabeles al danzar. 

Como contraprestación a algunos patrocinadores debíamos hacernos con objetos de cuero para el Museu de la Pell de la ciudad de Igualada, por eso iniciamos negociaciones con ellos a fin de conseguir algunos de los que lucían los hombres del poblado. A nivel personal conseguí intercambiar un arco, un carjag y algunas fechas de las que usaban para aves y animales de tamaño medio. 

Los pigmeos es una etnia con una nariz muy específica y acostumbra a dejarse bigote-perilla, algo muy poco habitual en los nativos africanos. En este poblado de pequeñas chozas recubiertas con grandes hojas y todo tipo de ramas, donde una serie de troncos diseminados en el suelo les permitía no tener los pies en el húmedo suelo cuando estaban sentados en sus típicas y pequeñas banquetas, percibimos como era la vida en una comunidad de cazadores y recolectores como eran los pigmeos del Epulu. 

Su encuentro o tropiezo con ellos fue una grata, auténtica y muy reconfortante sorpresa en medio de un itinerario muy duro que seguia embarrado y que debíamos cruzar, ya que no había otra alternativa.