dilluns, 23 de desembre de 2013

Flashback 227

En Mombasa nos instalamos en un camping, prácticamente vacío, a orillas del Indico y a la sombra de los cocoteros me dediqué a escribir mis vivencias expedicionarias, conversar con algun que otro nativo que se me acercaba, saborear los cocos recién cogidos… mientras la pleamar y la bajamar cambiaba los tonos esmeralda y turquesa del agua. La playa de Mombasa es muy llana y los pescadores iban a pescar a pie arrastrando la piragua, lanzaban las redes y chapoteaban las aguas para movilizar los peces y llenar la red. Cada dia charlaba, un buen rato, con un pescador solitario que pasaba cerca de donde yo estaba instalado cuya indumentaria no tenia desperdicio, pero siendo la alga marina que llevaba en la cabeza para protegerse del sol lo que más me sorprendió, sin olvidarme de sus armas submarinas, de madera y caucho, que le permitían comer y subsistir de lo que el océano Indico le ofrecía.
La ciudad de Mombasa fue una experiencia de robatorios, siendo la sustracción del carnet de pasaje de aduanas del Land Rover el que nos complicó más el viaje, ya que tuvimos que circular con el documento de la denuncia del robo cuya validez era la justa para pasar fronteras. Gracias a que conservamos toda la documentación referente al incidente años más tarde ante la denuncia, de que el Land Rover de la expedición había entrado en Sud África, pero no había salido, ante el Tribunal de Delitos Monetarios de Madrid pudimos demostrar lo contrario evitándonos muchos problemas.
No estuvimos exentos de anécdotas como la desaparición, momentánea, de un vendedor de artesania, donde comprábamos obsequios y regalos para familiares y amigos, local con un billete de 20$ -con la excusa de ir a por cambio- y que cuando nos percatamos que no volvería decidimos, con la aprobación de comerciantes vecinos de mercado, llenar nuestras bolsas con una cantidad de objetos equivalente al billete esfumado, sin olvidarnos de dejarle (al vendedor missing) una nota que a la devolución del cambio nosotros devolveríamos su mercancía.





dimarts, 17 de desembre de 2013

Flashback 226

En nuestra ruta hacia Mombasa en la costa índica no dejaron de cruzar la pista a todo velocidad o remoloneando en ella, diferentes especies de animales obligándonos a una conducción extremadamente cuidadosa, ya que apenas atendían a los posible toques de advertencia sonora. Hasta Mwatate no tuvimos una buena carretera que, paralela a la línea férrea, nos conduciría hasta Mombasa a través grandes extensiones cultivadas. 

El tren que va de Mombasa al lago Victoria se empezó a construir en 1879 por el ingeniero Preston, llamando al impensable proyecto el ferrocarril lunático. El objetivo de los ingleses, en este proyecto, era una via de comunicación por un territorio salvaje para desplazar los productos comerciales de Uganda al puerto de Mombasa. Las dificultades de Preston hasta que finalizó el proyecto en 1901 fueron inmensurables. Reclutó 300 coulies de la India al iniciar la obra, llegando a tener 6.000 personas trabajando en la via. En zonas como Tsavo era habitual que los leones atacaran y se le comían a los obreros –el director Stephen Hopkins se inspiró en estos hechos para la película “Los demonios de la noche” con Michel Douglas y Val Kilmer-. En los tramos ya construidos, en algunas estaciones los leones y leopardos se pasearan por los andenes, entraban en las casetas de los jefes de estación atemorizándoles e incluso atacándoles. Los elefantes le movían las vías y descarrilaban los trenes, los Masai y los Kikuyus les robaban el cable del telégrafo para hacerse abalorios, el calor, las lluvias, la mosca tsé-tsé, la viruela, paludismo… hacían estragos entre su personal sin olvidarnos de las flechas de los Wachaggas y las lanzas de los Masai con que eran atacados, aquello si que fue una aventura. 
A nuestro paso, 63 años más tarde, los trenes circulaban con normalidad a pesar de las viejas locomotoras victorianas de vapor de la East African Railways, conectando el interior de África con la costa índica y aunque en su primera etapa transportaba mucho marfil, en la actualidad eran mercancías y pasaje siendo un eje principal en las comunicaciones de Kenia. 





dimarts, 10 de desembre de 2013

Flashback 225

Al finalizar la ascensión en moto al Kilimanjaro abandonamos Tanzania para entrar en Kenia cuya frontera coincide con el paso por el corredor occidental del parque Tsavo que atravesaríamos dos veces, ya que decidimos tomarnos unos días de descanso en las playas del mar Índico antes de iniciar la ruta de regreso hacía Igualada. 
Kenia con sus 552.644 kilómetros cuadrados era y es uno de los países más turísticos de África occidental. Tras las exploraciones de Stanley los ingleses la empezaron a explotar en 1885 y en 1920 la declararon colonia inglesa hasta 1963 en que Yomo Kenyata la proclamó república independiente. Yomo Kenyata, hijo de un hechicero kikuyu, estudió antropología y publicó algún libro en su época de estudiante en Inglaterra. En 1952 fue impulsor de la revolución Mau-Mau que significa, en swagili, “arrebatar”, masacrando a los colonos establecidos en tierra de los kikuyus hasta obtener la independencia. Con Yomo Kenyata, kikuyu, presidente del país, Kenia alcanzó una de las mayores evoluciones de los países africanos de la época, siendo parte de su éxito la gestión de la paz tribal entre las etnias más influentes como los: masai, kambas, samburu, turkana… y otras menores como los: chagas, mandis, nyakas… todos ellos hablan swagili perteneciendo al gran grupo de lenguas bantú. 
La Kenia independiente siguió dentro de la Commonwealt y creó una industria turística orientada a los “safaris fotográficos”, para así preservar la rica fauna autóctona que ya mostraba cierto riesgo de extinguirse debido a la caza masiva de sus especies por cazadores profesionales, furtivos y el alto incremento de granjas y cultivos. 
Nuestro paso por Kenia fue como un paréntesis, en nuestra aventura africana, ya que debido a su estructura mas anglófona (por los años de colonialismo) que africana, parecía que todo era más llevadero, próximo, fácil… aunque quizás la sensación sólo la percibiéramos nosotros por los miles de kilómetros recorridos y periplos que acarreábamos a nuestras espaldas.. No hicimos turismo al uso, y logrado nuestro objetivo –ascender en moto al Kilimanjaro- deseábamos concluir nuestra aventura, pero todavía debíamos terminar de cruzar Kenia y seguir con Etiopia, Sudán y Egipto donde embarcaríamos hacia Europa. 





dimecres, 4 de desembre de 2013

La disparé hace 8.635 días


La publicidad suele pedir imágenes fuera de temporada siendo necesario para obtenerlas: una alta dosis de capacidad imaginativa, creativa, técnica… para recrear lo que el escenario difícilmente puede ofrecer, un buen equipo de producción y una gran complicidad con los modelos protagonistas. En una sesión fotográfica con modelos (hombres o mujeres) quizás lo normal sea recordar su nombre, pero puedo aseguraros que si en una imagen interviene un animal, el fotógrafo lo que recuerda es el nombre de éste. 
La imagen tomada en pleno invierno en la playa de Pals ilustró la campaña publicitaria de una crema para prevenir las manchas de la piel, causadas por la no utilización de protección solar. Debería haber sido fácil, ya que habíamos estudiado como hacer más llevaderas las incomodidades que debería soportar la modelo en bañador en pleno invierno: gruesa toalla escondida en la arena donde se recostaba la modelo; estufa eléctrica fuera de plano para aliviarle el frio; todo el equipo sin chaqueta para solidarizarse con ella; técnico en peinar la arena; peluquero-maquillador, estilista, catering, eléctrico… todos en su sitio al servicio de la imagen, exceptuando Drusba, la perra dálmata cuyo entrenador-dueño no habían previsto que la inmensa playa era demasiada tentación para Drusba. Ésta se mantenia en su posición y aptitud justo el tiempo de tomar tres o cuatro rápidas imágenes, levantándose y avanzando hacía cámara una y otra vez, con lo cual debíamos recomponer nuevamente el set fotográfico –como me hubiera gustado disponer del Photoshop aunque sólo fuera para peinar la arena-, pero aquellos eran otros tiempo y el número de profesionales que participaban en una toma fotográfica en exterior dista mucho de los que participan en la actualidad, ya que hoy seguramente construiria la foto partiendo de varias imágenes en lugar de crearla en una sola toma. Han transcurrido 8.635 días y la fotografía ha experimentado una gran revolución que nos ha facilitado muchas cosas, pero, también, nos ha privado de otras -algunas de la cuales a mi me apasionan-.
Trabajé con cámara Hasselblad 500C, óptica 120mm. situando el punto de vista a ras de suelo, con película B/N Tmax 100 y virando ligeramente la copia del original definitivo.

dilluns, 2 de desembre de 2013

Flashback 224. Ascensión en moto al Kilimanjaro 1974



Con nuestro permiso, de ascensión con moto al Kilimanjaro, revalidado y autentificado por el Ministro de Recursos Naturales y Turismo, responsable directo de los Parque Nacionales, nos presentamos de nuevo ante el guarda de la Marangu Gate (que ya tenía copia en mano enviada personalmente por el Ministro) para iniciar la ascensión al Kilimanya N’jaro, la montaña de los Dioses. 
En 1974 eran muy pocos los que ascendían a la montaña y realmente suponía una pequeña aventura, pero aventura en definitiva si la contrastamos con las 20.000 personas por temporada que hacen cima hoy en día, ayudados y conducidos por las agencias de viajes. No he vuelto a subir al Kilimanjaro, ya que no quiero que las sensaciones que tuve el privilegio de experimentar sean borradas por otras nuevas, y prefiero retener en mi memoria lo que supuso para mi aquella expedición. 
Algunos compañeros si que han regresado con la familia y me han confirmado que los glaciares del cráter han disminuido mucho su volumen y dimensión. 

En el momento de realizar el video que ilustra este flashback he podido constatar que pasadas cuatro décadas en mi archivo se ha volatilizado parte del material (tanto filmado como fotografiado) que retengo en mi memoria, imágenes, tomas… que siguen vivas en ella, pero que no puedo mostrar. Y de nuevo surge ante mi, un dilema que los fotógrafos arrastramos desde hace tiempo, la poca o escasa atención que dedicamos a preservar nuestro archivo, olvidando con demasiada facilidad que el trabajo del fotógrafo no consiste tan sólo en la captura de imágenes, sino que también es importante clasificarlas, documentarlas y resguardarlas para un “cierto futuro”, si cabe. 

Con el material disponible he afrontado la realización de este video, sin otro objetivo que compartirlo con todos vosotros, y que en su día constató el récord mundial de altura en moto. El paso del tiempo ha dejado huella por sus muchas proyecciones por todo el mundo en el material filmado y debo decir que, aunque preferiría disponer de él en mejores condiciones, también me ayuda a situar, el video, en que época obtuve las imágenes y el tipo de material utilizado para rodarlo. Filmación realizada con una Paillard Bolex a cuerda de 16mm. y positivo directo Gevachrome, la imagen fija realizada con cámaras Nikon FTN y Nikormat de 35mm. Mamiya C33 de 6x6 con transparencias Peruchrome y Agfachrome. Una cámara Polaroid B/N me facilitaba enviar imágenes para prensa. 

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Miembros de la expedición en moto Igualada-Kilimanjaro: Josep M. Lladó, Josep Bou, Julius Bernaus, Santi Godó, Jaume Travesset, Jaume LLansana i Josep M. Casas.