dimecres, 6 de maig de 2015

La disparé hace 6.935 días


Creo que una de las cosas más difíciles en las tomas de fotografías para campañas publicitarias es construir imágenes que luzcan halo de imagen robada, ya que para ello uno debe documentarse a fondo; ser un excelente conocedor del escenario donde se desarrollará la acción; tener capacidad para reproduir / reconstruir ambientes idóneos e introducir a la modelo en un acting diferente al que normalmente se le exige y lograr que entre en el juego. 

La disparé hace 6.935 días y nada en ella es superfluo o gratuito, ya que la aparente naturalidad es fruto de un minucioso plan de trabajo diseñado con mi equipo de colaboradores. Si conoces lo suficiente al director creativo de una campaña, como ya he mencionado en anteriores ocasiones, puedes ahorrarte muchos quebraderos de cabeza, y puedo afirmar que como conocía muy bien al director de ésta, para afrontar los tres días de sesiones exteriores por las calles –más céntricas y concurridas- de la ciudad de Barcelona, me rodeé de mi equipo estrella de colaboradores. 

Puesto que el leitmotif de la campaña, resumiendo, era “nuestras prendas son confortables, cómodas, básicas y funcionales” lanzamos figurativamente hablando a la modelo -debidamente peinada, vestida, atretzada y concienciada en su papel- a la calle, transformada en una transeúnte absorta en sus pensamientos e ignorando mi presencia de fotógrafo camuflado de paparazzi. Mientras disparaba nadie del equipo podia intervenir, ya que debíamos aprovechar al máximo aquellas casualidades con un toque de imperfección que nos darían autenticidad a las imágenes y por supuesto a la campaña. Como os podéis imaginar las localizaciones fueron básicas, pero aun más en que hora debíamos disparar. 

Esta imagen la realicé en la calle Pelayo, al atardecer, con el sol directo -condición óptima para trabajar en B/N con prendas negras- y con multitud de gente circulando por sus amplias aceras. Ella es una de las muchas de la campaña, todas ellas muy diferentes y en localizaciones singulares en las calles y plazas de Barcelona, empleando todo tipo de cámaras y equipos de iluminación con un único elemento común: un fondo de tela blanca a modo de sinfín. Trabajé con la Nikon F4 equipada con un 35-70 mm. f-2,8 que me permitía corregir el encuadre completo, que buscaba, mientras andaba de espaldas a la par con la modelo. 
Tuve que ensayar repetidas veces la acción, para coordinar el paso de Laura con la apertura de la falda, sincronizar la distancia entre la cámara y la modelo, la velocidad de obturación y la intensidad del caminar, para que no tuviese que preocuparme del enfoque, centrándome exclusivamente en el encuadre y el momento del disparo. 
Debo añadir que después de numerosas tomas, quedé un poco mareado por la perdida espacial que supone andar rápido de espaldas, con la mirada en el visor y de forma muy seguida, porqué se me iba la luz y quedaba pendiente, todavía, un original fotográfico.