dimecres, 30 d’agost de 2017

La disparé hace 12.255 días


En fotografia uno no siempre puede tener lo que desea, pero lo importante es aprovechar al máximo todos los factores positivos que se nos brindan, ya que ante la escasez suele agudizarse el ingenio y fluir las ideas. 

La disparé hace 12.255 días y lo más destacable de esta sesión fotográfica es como y de que manera han cambiado las cosas para un fotógrafo profesional. Y no me refiero única y exclusivamente en el apartado técnico, ya que más que un cambio éste ha experimento una revolución, hablo del número de colaboradores que en aquellos tiempos participaban en una sesión fotográfica y como éstos, con el paso de los años, se fueron incrementando, dando pie a que profesiones como: maquilladores, peluqueros, estilistas, productores, asistentes de fotografía, directores de casting… se les considerará vitales e imprescindibles en cualquier sesión fotográfica, ya que los resultados eran evidentemente mucho mejores y muy rápidamente, diria, que la mayoría de los clientes fueron aceptando su participación y el incremento que eso suponía en el presupuesto. 

La revista Hogar y Moda me confió el reportaje de moda “Un sueño de novia” cuya realización estaba bajo el mando de Maria Casanovas, una institución en aquellos tiempos para la revista HyM, más o menos y salvando las distancias, como Grace Coddington lo fue, también, durante muchos años para Vogue. 
Conocía bien a Maria, sabía lo que detestaba y me pareció que los Baños de San Sebastián de la Barceloneta era un buen escenario para el tipo de sesión que ella tenia en mente, ya que no deseaba para nada una ubicación al uso. 
Aceptada la propuesta, junto con Teresa, nos centramos en el casting, la solicitud del permiso -algo realmente muy fácil en los ochenta- y la selección del único colaborador con el que contaríamos: el peluquero-maquillador. 

Cité a los modelos: Marisa Teigell y Joan Mateo; a Pascual de Llongueras, el peluquero-maquillador y Maria Casanovas en la redacción de la revista, pues por aquel entonces utilizábamos para los desplazamientos la furgoneta de reparto de la empresa Hymsa a la que pertenecía la revista. Y junto con Teresa que hacía de: asistente de fotógrafo y estilista, productora, tutora… y nuestra perrita Dinka nos dirigimos hasta los Baños de San Sebastián de la Barceloneta. 

Poco puedo contaros de las características técnicas de la sesión fotográfica, puesto que no las hay. Trabajé con transparencia Ektachrome, cámara Nikon F2 a pulso, distintas ópticas y sin ningún apoyo de pantallas reflectantes o filtros, pero si que puedo hablaros de la importancia de la localización en cualquier sesión fotográfica, ya que ella nos aportará –a veces sin percatarnos de ello- influencia en el concepto narrativo fotográfico; apoyo en las razones estéticas; ayuda en la construcción de los looks estilísticos e incluso en el acting de los modelos. El motivo de elegir los Baños de San Sebastián para la realización de este reportaje de vestidos de novia fueron varios, pero el más significativo fue el hecho de conjugar contrastes: “lo viejo” representado por el espacio abandonado, decadente… con “lo nuevo” representado por la pareja de novios que felices, ilusionados, enamorados, muy transgresores y sonrientes, inician una nueva vida en común. 

Imágenes reproducidas de la revista Hogar y Moda



*Baños de San Sebastián.- En los últimos años, las playas de Barcelona se han convertido en uno de los principales espacios públicos de la ciudad de Barcelona, pero la buena relación que en la actualidad mantiene ésta, Barcelona, con el mar es fruto de la reordenación urbanística con motivo de los Juegos Olímpicos de 1992, ya que si nos remontamos a medianos de los 80, nos encontramos que debido a problemas de concesiones y leyes, los Baños de San Sebastián de ese popular barrio barcelonés de la Barceloneta debían ser demolidos, pues no se podia realizar en ellos ningún tipo de reparación o reconstrucción y ello proporcionó a las instalaciones una fuerte atmósfera de abandono y decadencia. El emblemático recinto diseñado por el arquitecto modernista Antoni Millàs, inaugurado en 1928, fue uno de los primeros baños de Barcelona en aceptar personas de los dos sexos en un mismo entorno y con acceso al mar.