dilluns, 29 de novembre de 2010

Flashback 69

Marruecos es un país rico en paisaje, cultura y tradición. Viajando de norte a sur disfrutas del mar, la nieve del Atlas y la sequedad de la arena. Tiempos ha fue con el norte de África, el granero de Roma y el esplendor habido nos lo constata la ciudad romana de Volúbilis, que semi abandonada a su suerte todavía pude disfrutar de sus magníficos mosaicos al aire libre -toda un alegoría de la fauna africana-.


Las ciudades imperiales Fez, Meknes y Marrakech no me las perdí, es toda una experiencia fotográfica, sensorial y olfativa, más lo que me llamó poderosamente la atención fue la precariedad de medio y utillaje que emplean los artesanos de los souks o mercados, con una barra de hierro soportada con dos maderas, un formón y un palo con una cuerda , el tornero hacía figuras de ajedrez de notable factura y mangos de herramientas más o menos curvados. Así podría seguir con los hojalateros, tejedores, curtidores, tintoreros…


En las estribaciones del Atlas ya entrando en la zona de las cashbas puedes ver magníficos huertos con fuerte olor a menta. Viajando en Septiembre y sin dificultad, te cruzabas con caravanas de borricos cargados de dátiles, que frescos o secos, son una de las aportaciones gastronómicas más exquisitas de palmerales y oasis.


En Marruecos puedes fotografiar casi todo sin restricciones menos los palacios imperiales en uso; tienes que saber sacarte de encima la ingente cantidad de guías que te ofrecen sus servicios en varios idiomas y saber capear entre foto y foto el bachish o propina que acostumbran a reclamar los personajes que fotografías, no obstante vale pa pena cargar con las cámaras y sufrir un baño de luz y polvo.