dilluns, 6 de desembre de 2010

Flashback 70

Marruecos es la frontera norte-occidental del desierto del Sahara y mi primer contacto en el 73 con el extenso mar de arena -que años venideros circunvalaría por Sudán y Egipto- al que llegué atravesando la hammada (grandes llanuras pedregosas) y las tórridas extensiones arenosas con el Simún, el viento cálido del desierto, por compañero ocasional.


Me llamó la atención la soledad de algunos habitáculos que a modo de espejismos, surgen aislados en medio de la nada. Con tres palos, dos cacharros, un bidón de agua la tetera y un manojo de menta fresca, parecen no necesitar nada de lo que podríamos considerar imprescindible, si excluimos las cerillas y una escoba con la que barren la arena del interior, los más afortunados disponen de una haima negra que van situando en diversos emplazamientos entre dunas, en busca de dudosos pastos para sus cabras que tragan de todo menos vegetación en abundancia.


La experiencia fotográfica que obtuve de los grandes espacios vacíos con exagerada luminiscencia fue el cambio de percepción que uno debe aplicar cuando se acerca a los trópicos y el saber interpretar la luz y los colores, con gafas de sol polarizadas.