dilluns, 30 d’abril de 2012

Flashback 143

La primera ciudad grande por la que pasamos en Senegal fue St. Louis a la que llegamos de noche. Nos dirigimos a una comisaria de policia para que nos permitiera aparcar nuestros vehículos en su recinto cerrado y a la vez nos asesorara un hotel donde pasar la noche. El hotel era modesto y las habitaciones escasamente amuebladas, pero en peores sitios nos habíamos alojado, estábamos muy cansados y nos pusimos a dormir de inmediato. Transcurrido un escaso tiempo llamaron a la puerta y al abrirla me encontré con el recepcionista ofreciéndome una joven chica para pasar la noche -oferta que rechacé amablemente-, al rato vuelve el recepcionista ofreciéndome una chica mucho más joven –oferta que de nuevo reusé y esta vez menos amablemente- con un sonoro y hosco “Makidem” que en Wólof quiere decir buenas noches, el recepcionista no entendía nada, puesto que el solo hacía su trabajo ya que la policia nos había recomendado un “hotel-prostíbulo”. 

Superada la insólita noche por la mañana decidimos darnos un respiro. En una rápida visita al puerto descubrimos que St. Louis, situada en la costa atlántica, era una ciudad eminentemente pesquera y paseando por el mercado nos sorprendió una gran cantidad de motos / mobilettes aparcados, en sus alrededores, que ponían de manifiesto cual era el medio de transporte con que los habitantes de los pueblos cercanos acudían a la ciudad para vender sus productos. Debo decir que la ciudad ofrecía un cierto aire cosmopolita, aunque algunas advertencias educativas sobre comportamientos socio-sanitarios rotuladas en las fachadas de las casas mostraban que hay partes de la sociedad, tanto allí como aquí, que evolucionan lentamente. Para concluir nuestra estancia en St. Louis cambiamos dolares por francos CFA y emprendimos camino hacía nuestro próximo destino.