dilluns, 27 d’agost de 2012

Flashback 160

En el anterior post hacia referencia a los productos naturales de Costa de Marfil que eran exportados, pero también pude constatar que los más habituales y la base de su alimentación eran los cereales, el mijo y las panochas de distintos tipos de maíz que una vez secas, las mujeres de los poblados batían en los grandes morteros tallados de un tronco de árbol, de una sola pieza, en las pequeñas explanadas a modo de plazas, que abundaban en todos los poblados. El ritmo acompasado del batir de los morteros nos iría acompañando a lo largo de nuestra expedición por África. 

Los poblados que íbamos encontrándonos no seguían un patrón urbanístico único: los había de cerrados en un circulo, de abiertos con espacios de distribuciones irregulares y todos ellos disponían de un espacio central de tierra batida a modo de plaza comunal, pero lo que si era común en todos eran las paillottes de barro y paja, así como los pequeños graneros familiares diseminados aparentemente sin ton ni son por todo el poblado. Los poblados estaban cerca del bosque sagrado de cada zona, según la tradición Senoufo, esta proximidad les beneficia de una parte del poder divino de los espíritus del bosque. La vida tenia lugar en la calle y los interiores de los habitáculos eran con el suelo de tierra batida, sin grandes pretensiones ni mobiliario y normalmente con una pared llena, a modo de collage colorista y multicultural, de recortes de revistas e imágenes de lugares, espacios y paisajes nuevos y lejanos; personajes iconográficos y objetos deseados. 

El medio de locomoción mas habitual si exceptuamos los vehículos de cuatro ruedas eran las mobilettes y bicicletas, y nuestro Land Rover cargado hasta los topes junto con nuestras dos motos Bultaco siempre despertaron curiosidad pasáramos por donde pasáramos.