dilluns, 6 d’agost de 2012

Flashback 157

Mali es un país de contrastes geográficos, étnicos, culturales…que ningun viajero debe perderse al visitar África. La mezcla de etnias la puedes ver por doquier: al norte donde el Sahara está avanzando comiéndose terreno en la zona de Tuaregs los Songai, pescadores, se concentran a orillas del Niger; los Bambara ocupan el centro; los Malinke traspasan las fronteras de Guinea y Senegal; los Peulh, pastores nómadas, los encontrabas en cualquier parte y los Dogón recluidos en las fallas de la zona nord-oeste fronteriza con Alto Volta, pero una características de su población que más me llamó la atención fue el bullicio y colorido de sus mercados donde la presencia de las mujeres con sus hijos a la espalda y las palanganas en la cabeza comprando, vendiendo, conversando de temas cotidianos y locales era omnipresente. En las mesas de los vendedores los productos se exponían como siempre en montoncitos pequeños y debo decir que el famoso icono del cubito de carne “Maggi” dominaba en los dibujos que adornaban las clásicas palanganas. 
Como cocinan, también siempre las mujeres, en zonas ventosas en casi todos los países que había visitado, habitualmente, el fuego estaba entre tres piedras sobre las que descansa la olla donde se cocina todo, comiendo directamente de ella misma o bien utilizando medias calabazas a modo de vajilla o útil de cocina. Lo que me sorprendió, quizás por no haberlo visto antes y por lo ingenioso, fue el fuego emplazado en una fosa, de cierta profundidad, escavada de forma circular en una superficie plana y estable donde se accedia por una rampa donde el fuego al abrigo del viento era controlado, permitiendo así conservar el poder calorífico de las llamas y brasas ahorrando el consumo de leña, un bien escaso en según que zonas y que su desmesurado uso propicia la galopante desertización del pais.