dilluns, 12 d’agost de 2013

Flashback 208

La misión de Kibuye no era muy grande pero estaba bien organizada. Una iglesia grande con un alto campanario por el que se accedia mediante una rústica escalera de madera y donde un tam tam que sonaba grave, fuerte y contundente, confeccionado con un bidón de gasolina de 200 litros, ejercía de campana. A su lado un trozo de plancha, en el suelo, todavía guardaba restos de carbón de lo que algún dia fue un pequeña hoguera. 
La escuela espaciosa y bien equipada, con pupitres de los años 60, formaba a los niños que acogían en la misión, en las aulas pocos libros y algunos juguetes, casas y coches, construidos con pequeñas cánulas de madera blanda. Aunque debo decir que la obsesión del padre Tió era, aparte de mantener lo logrado, conseguir suficientes fondos para dotar a la misión de un taller de carpintería donde poder formar a sus alumnos y que así tuvieran una salida profesional. Un año después de finalizada la expedición el padre Tió volvió un tiempo a Cataluña, donde consiguió las donaciones necesarias para su carpintería.