dilluns, 26 d’agost de 2013

Flashback 210

Camino a Tanzania entramos en el parque nacional de Akaguera que lleva el mismo nombre del río que lo cruza y que actua de frontera. Ésta fue la última zona verde que encontramos antes de entrar en la sabana central africana, atrás dejamos las cascadas de Rusumo y también la abundante población nativa que nos había acompañado en nuestro paso por este territorio. 
La frontera de Ruanda con Tanzania consistia en una solitaria y pequeña caseta de madera situada en una escarpada y desierta pendiente que moría en el río Akaguera donde un sargento de fronteras era la única persona destacada, ya que no vimos a ningun otro funcionario. Pero sí que había un viajero retenido en el puesto fronterizo porqué (según él) no le cayó bien al sargento o bien le molesto algun que otro comentario, y éste ( el sargento) manteniendo el viajero retenido se reafirmaba en su puesto de mando –quiero creer que simplemente hacía lo que seguramente le habían hecho a él con anterioridad, o a lo mejor eran secuelas de la administración colonial-. 
El sargento en cuestión, a nosotros sólo nos propuso que le arregláramos un reloj, y ante tal perspectiva, Julius, nuestro mecánico (aunque conocedor de que no solucionaria el problema) dedico buena parte de nuestro tiempo en aparentar que estaba centrado en la tarea de solucionar la avería del reloj. Como el sargento percibió buena voluntat e interés por parte de Julius, sello nuestros documentos de salida del país muy a pesar de no haberle solucionado el problema con su reloj. Descendimos la fuerte pendiente, vadeamos el río y continuamos por la empinada subida hasta el puesto fronterizo de Tanzania situado unos kilómetros más arriba, pero ya en la sabana africana.