divendres, 30 d’agost de 2013

Recibidas 1.350 fotografías para participar en el Premio Fotográfico Ramon Aloy organizado por Passanant FOTO



Hoy a las 14,00 horas ha finalizado el plazo para presentar las fotografías que optaban al Premio Fotográfico Ramon Aloy. El formato de esta quarta edición ha superado con creces el indicie de participación que el equipo de Passanant FOTO nos marcamos. Los participantes son mayoritariamente de España, algunos de Europa y una destacada presencia de fotógrafos de sud América. 

Como coordinadora de Passanant FOTO he tenido la responsabilidad de recibir el material fotográfico. Durante este mes de Septiembre prepararé los archivos recibidos para mostrarlos adecuadamente al jurado, y así poderles facilitar su trabajo, que no es otro que seleccionar una fotografía ganadora de entre las 1.350 presentadas. 

El veredicto del jurado con el nombre del ganador / a se publicará, como en anteriores ediciones, en el web de Passanant FOTO el 25 de Octubre. También se publicará una lista con el nombre de los finalistas y un video con las 50 mejores imágenes seleccionadas. 

Muchas gracias a todos por vuestra participación. 

Teresa Jové 
Coordinadora de Passanant FOTO.

dilluns, 26 d’agost de 2013

Flashback 210

Camino a Tanzania entramos en el parque nacional de Akaguera que lleva el mismo nombre del río que lo cruza y que actua de frontera. Ésta fue la última zona verde que encontramos antes de entrar en la sabana central africana, atrás dejamos las cascadas de Rusumo y también la abundante población nativa que nos había acompañado en nuestro paso por este territorio. 
La frontera de Ruanda con Tanzania consistia en una solitaria y pequeña caseta de madera situada en una escarpada y desierta pendiente que moría en el río Akaguera donde un sargento de fronteras era la única persona destacada, ya que no vimos a ningun otro funcionario. Pero sí que había un viajero retenido en el puesto fronterizo porqué (según él) no le cayó bien al sargento o bien le molesto algun que otro comentario, y éste ( el sargento) manteniendo el viajero retenido se reafirmaba en su puesto de mando –quiero creer que simplemente hacía lo que seguramente le habían hecho a él con anterioridad, o a lo mejor eran secuelas de la administración colonial-. 
El sargento en cuestión, a nosotros sólo nos propuso que le arregláramos un reloj, y ante tal perspectiva, Julius, nuestro mecánico (aunque conocedor de que no solucionaria el problema) dedico buena parte de nuestro tiempo en aparentar que estaba centrado en la tarea de solucionar la avería del reloj. Como el sargento percibió buena voluntat e interés por parte de Julius, sello nuestros documentos de salida del país muy a pesar de no haberle solucionado el problema con su reloj. Descendimos la fuerte pendiente, vadeamos el río y continuamos por la empinada subida hasta el puesto fronterizo de Tanzania situado unos kilómetros más arriba, pero ya en la sabana africana. 




dilluns, 19 d’agost de 2013

Flashback 209

El recorrido por territorio ruandés nos mostró un país de gente trabajadora, ya que pocos ociosos encontramos, y aunque es pequeño tratan de aprovechar al máximo los recursos de que disponen. En cualquier espacio susceptible de cultivar siempre encontrábamos gente joven desbrozando terreno y cavando la tierra para plantar. 
No vimos maquinaria agrícola pesada, con lo que todo el trabajo era manual a golpe de azada y con palancas de hierro para arrancar los tocones de árbol que normalmente habían quemado antes. 
En un claro despejado encontramos a unos carpinteros serrando un tronco de árbol para obtener planchas de maderas, llamándome la atención su sistema. En una rampa de troncos posicionada a 30º del suelo y a 1,5 metros de altura habían situado el gran tronco del árbol, apuntalado, en el extremo más alto con una sierra manual dos operarios serraban las planchas de madera. Uno de los carpinteros de pie encima el tronco y el otro de rodillas en el suelo, efectuaban el movimiento de vaivén vertical de la larga sierra y con unas cuñas de madera iban separando paulatinamente las lajas que serraban, un trabajo lento y pesado pero os puedo asegurar que no se desviaban un milímetro del corte que estaban ejecutando. El resultado final nada tenía que envidiar al realizado por un moderno aserradero. 




dilluns, 12 d’agost de 2013

Flashback 208

La misión de Kibuye no era muy grande pero estaba bien organizada. Una iglesia grande con un alto campanario por el que se accedia mediante una rústica escalera de madera y donde un tam tam que sonaba grave, fuerte y contundente, confeccionado con un bidón de gasolina de 200 litros, ejercía de campana. A su lado un trozo de plancha, en el suelo, todavía guardaba restos de carbón de lo que algún dia fue un pequeña hoguera. 
La escuela espaciosa y bien equipada, con pupitres de los años 60, formaba a los niños que acogían en la misión, en las aulas pocos libros y algunos juguetes, casas y coches, construidos con pequeñas cánulas de madera blanda. Aunque debo decir que la obsesión del padre Tió era, aparte de mantener lo logrado, conseguir suficientes fondos para dotar a la misión de un taller de carpintería donde poder formar a sus alumnos y que así tuvieran una salida profesional. Un año después de finalizada la expedición el padre Tió volvió un tiempo a Cataluña, donde consiguió las donaciones necesarias para su carpintería. 







dilluns, 5 d’agost de 2013

Flashback 207

Debíamos contactar con la misión que la diócesis de Vic tenía en Kibuye, con la que habíamos establecido contacto pre expedicionario con el padre Tió, oriundo de Vic, quien con otros misioneros catalanes estaban desarrollando una labor mayormente enfocada a lo social, educativo y de acogida a los niños huérfanos por la masacres de las guerras , ya mencionadas, sin olvidar, naturalmente, su formación apostólica. 
En la misión nos pusieron al corriente de todo los hechos políticos y barbaries étnicas que había acontecido al país pocos años atrás entre Hutus y Tutsis mientras nos ofrecían una frugal, pero apetitosa comida, que compartimos con la comunidad religiosas en el escueto comedor que estaba presidido por una foto del militar de turno que gobernaba Ruanda en aquel momento. 
Por nuestra parte, y en agradecimiento, hicimos donación de gran cantidad de medicamentos de nuestro botiquín que habíamos dotado con gran suficiencia en previsión de poder atender cualquier tipo de contingencia sanitaria propia o local.