dilluns, 21 d’abril de 2014

Flashback 237

La entrada en Sudán la realizamos por Gallabat y habíamos previsto una etapa de 155 kilómetros hasta Gedaref, pero las previsiones en África no existen, ya que sabes cuando sales, pero no cuando llegas. 
La ruta era una infernal pista de tierra rojinegra con profundos surcos que no se ajustaban al paso de ruedas del Land Rover, y por si fuera poco un suelo rizado con profundas ondulaciones, muy cambiantes, que te obligaban a incrementar o reducir la marcha y sostenerla, para no cargarte los amortiguadores. 
El paisaje seco y árido sin apenas posibilidad de encontrar agua y dónde los escasos pobladores que encontramos vivían de cultivar algodón, legumbres y de sus camellos. 
Tardamos varios días en concluir la etapa debido a tres volcadas del Land Rover, a cual más espectacular, los pinchazos que reparábamos in situ, con mil manchadas de la bomba de aire manual para obtener una presión del neumático aceptable, las roturas de una ballesta y la tracción trasera del Land Rover se sumaron a ello. A todos estos percances se le unieron la dificultad en encontrar agua, que se reducía a cauces secos donde los nativos cavaban pequeñas pozas para encontrarla y a los pozos de camellos –agua que debíamos hervir y adecentar su gusto con sobres de Citrovit – vitamina C-.
Nuestra dieta se redujo a alimentos liofilizados que nos había regalo un laboratorio a modo de test, algún que otro huevo y legumbres que podíamos comprar en los escasos poblados por los que pasamos. 
Diré que junto con las etapas del Zaire, con el barro del Poto Poto. la entrada en Sudán fue toda una epopeya donde los expedicionarios tuvimos que hacer uso de toda nuestra experiencia viajera y mecánica.