dilluns, 28 d’abril de 2014

Flashback 238

De Gedaref hasta Khartoum la ruta fue algo más plácida y la recorrimos sin apenas detenernos con lo que mis fotografías las capturaba en marcha, estando atento a todo lo que podia tener un cierto interés fotográfico. Observamos la presencia de pequeños aeródromos de tierra batida, al lado de la pista, con anticuados biplanos y numerosos camiones que utilizaban los abundantes contratistas chinos que trabajaban en infraestructuras viales. 
Llegamos a Khartoum al anochecer y la gran cantidad de casas flotantes que circundaban las orillas de la confluencia del Nilo Azul con el Nilo Blanco, no dejó de sorprenderme. Como el Land Rover estaba herido de muerte alquilamos una plataforma en el tren semanal que nos llevaría a través del desierto de Nubia hasta Wadi Halfa, la frontera que es inicio del algo Naser que finaliza en la presa de Aswan y, dada la situación financiera de la expedición, para nosotros sacamos billetes de 4ª clase. 
A primer ahora nos cargaron el Land Rover, mediante una pesada y antigua grua, en una plataforma, que añadieron a los quince vagones del convoy ferroviario. A media mañana se inundó la estación con una ingente cantidad de viajeros, con billetes hasta Atbara que tomó literalment el tren, ya que el billete de 4ª clase daba acceso a viajar en el techo de los vagones, si tenías suerte, o colgado en los estribos de los vagones. Evidentemente la plataforma donde estaba nuestro Land Rover, también, se inundó de personas, cabras, monos… y todo tipo de bultos y enseres. Mientras esperábamos me fijé en un discreto pero altivo Nubio que lucía una gran espada en su espalda. En Atbara el tren se vació de personas, cambió la locomotora diesel por una de carbón y a partir de entonces hacía paradas aleatorias en medio de la nada: para la hora de la oración, para aliviar necesidades fisiológicas en pleno desierto de Nubia, para abastecerse en mercados que nacían en plena noche y alumbrados por la luz de los petromax vivían hasta que el tren retomaba su marcha y / o para cargar agua para la locomotora. 
Con un fuerte pitido se anunciaba el fin de la parada y acto seguido, el tren, reemprendía la marcha y si no subías rápido… allí te quedabas una semana entera hasta que pasaba el próximo tren. Debo decir que en ningún momento vi un revisor ni nadie que controlase el pasaje quizás los sudanés sean muy legales y dan por sentado que para viajar en tren hay que sacar billete aunque sea de 4ª clase.