dimarts, 6 de maig de 2014

Flashback 239

Con una única salida por el lago Naser, Wadi Halfa es uno de los puntos fronterizos y embarcaderos más desangelados que he visto. La población reside unos kilómetros más al interior y solo acude al improvisado muelle cuando llega el “bac” que semanalmente hace la travesía completa del lago Naser hasta Aswan. 
En toda una semana tuve tiempo de escribir y recopilar datos en mi cuaderno de viaje sentado en un improvisado despacho en el primer piso de uno de los viejos “bacs” en desuso, que por un dia a la semana se convertía en sucursal bancaria del Juba Ondurman Bank, para el cambio de divisas y expedición de tiquets de viaje.
A la espera del “bac” los cinco expedicionarios pasábamos la frías noches instalados en una especie de cobertizo sin puertas y zarandeado por el viento con el Land Rover y las motos cubriendo los accesos. La policia nos invitaba a comer de la olla comunitaria de judías pintas con pan de pita que cocinaban para todos, ya que nosotros solo disponíamos de alimentos liofilizados, mermelada y una botella de Jonny Walker que nos habían regalo unos suizos en Tanzania, junto a unos porros que guardábamos para una ocasión especial, y que ésta fue Navidad.
Introducir, más que cargar, el Land Rover en el “bac” fue una delicada y larga operación, ya que no cabía en la barcaza de dos pisos. Primero desmontamos la baca del techo y mediante unos tablones cargamos el Land Rover en una barcaza que actuaba de muelle flotante, para que ésta se posicionará paralela al “bac” y -tirando de la barcaza a fuerza bruta- poder subirlo, pero seguia sin pasar por el bajo techo del primer piso donde habían camarotes, por lo qué tuvimos que deshinchar los neumáticos para lograr finalmente subir a bordo el maltrecho Land Rover. 
La travesía por el lago Naser duró más de veinticuatro horas, nuestros recursos era escasos y para poder comer cambiamos un casette de Serrat y parte del Jonny Walker que quedaba con los cocineros del “bac”, incluyendo en el trato poder fumar del Narguile comunitario que tenían en la cocina. Las orillas del lago Naser ofrecen unos paisajes muy sugerentes y difíciles de olvidar. Ver passar lentamente ante tus ojos las dunas de arena con algunos árboles que se resisten al desierto nubio y percibir la lentitud, pero también la fuerza con que la noche abraza el templo de Abu Simbel, recién rescatado de las aguas de la presa de Aswan, son realmente momentos muy especiales.