dilluns, 4 d’octubre de 2010

Flashback 61

Los viticultores están orgullosos de sus denominaciones de origen porque potencian el mercado de sus caldos. Cuando tomé esta foto no existía un gran marketing, se producía el vino y se conocía la procedencia, en general, pero sin especificidad de origen. Casi todas las cepas eran originarias de cada zona y produjeran lo que produjesen, así se cultivaban; la expansión de mercados y el embotellamiento masivo llevó a la importación de cepas francesas más productivas como le Chardonay y le Pinod Noir, entre otras, y al abandono de las originarias. Se arrancaron buenas viñas de 75 años porque no entraba en tractor y se han llegado a perder cepas como la bobo que hoy tienen que recuperarse mediante cepas del Alguer (Italia) que supieron conservar ésta y otras variedades interesantes.

La época del carro con el viticultor con boina montado encima de los sarmientos, la mula y el perro o el campesino preparando el morral de la mula en un campo de almendros pero con ruedas de goma en el carro tuneado, forman parte de la imaginería etnográfica, últimos símbolos extinguidos de un medio de transporte secular en el campo. La semántica del camino de carro, se ha sustituido por el de pista o camino rural.