divendres, 28 d’octubre de 2011

Manolo Laguillo responde a Josep Bou

El fotógrafo MANOLO LAGUILLO me recibió en su casa, donde respondió a las preguntas del cuestionario que he preparado para el proyecto FOTÓGRAFOS INVITADOS basándome y tomando como inspiración el “Proust”.

Este proyecto en su primera fase lo he planteado para ser visionado en la red pero con el objetivo que al cierre del mismo pueda tomar forma de libro.


Manolo Laguillo en su casa


Manolo Laguillo responde a Josep Bou

*Cada cuestionario se publica en el idioma que se haya expresado el invitado



¿Qué supone para ti ser fotógrafo?

Tuve la suerte de toparme temprano con la fotografía. Ella, que me acabó dando de comer, se convirtió a toda velocidad en una obsesión que me absorbió totalmente, o casi, porque en seguida vi lo maravillosa que era. Y esto sigue siendo así a casi cuarenta años de esos comienzos, a mediados de los setenta. Como ocurre en toda vocación, soy fotógrafo porque no me queda más remedio. La fotografía es para mi la principal manera de relacionarme con la realidad exterior, con el mundo, y también, indirectamente, conmigo mismo.

La realidad exterior que más me interesa es la visual, esa que consiste en la luz que reflejan las cosas. Por eso la fotografía se adecúa a ella. Los otros ámbitos del mundo, los que tienen que ver con los otros sentidos, también me interesan, por supuesto, pero no tanto como lo que podemos ver. Luego, y para seguir hablando de preferencias, me atrae más lo quieto, lo que no se mueve, lo que tradicionalmente se ha dado en llamar paisaje. O sea, el escenario donde ocurren las cosas, la superficie, la piel por encima de la cual nos movemos los seres, humanos y demás. Me atrae la forma de esa epidermis, y me apetece representarla en mi trabajo fotográfico.

Con la realidad podemos relacionarnos a través del lenguaje, verbalmente, o mediante imágenes, visualmente. Este modo, el visual, no se solapa en absoluto con el verbal, porque son dos modos muy diferentes de ponernos en el mundo. Reconocer esto, saberlo y contar con ello es muy importante para llegar a ser fotógrafo, aunque paradójicamente esto lo esté diciendo con palabras, y sólo con ellas quepa expresarlo. El modo visual, no verbal, tiene muchas maneras, y la fotografía es una de ellas. Y como tal supone contemplación, perderse en lo que está ahí delante, encontrar el sentido en el puro detalle, más acá, o más allá, del lenguaje.

Pero hay otra cuestión. La fotografía, esa manera no verbal de posicionarse, tiene una tradición de casi dos siglos. En ella me inserto, lo quiera o no, aunque sólo sea porque utilizo una tecnología que ha ido desarrollándose a lo largo de esos casi doscientos años. Por eso me conviene conocer esa tradición, por eso debo estar al tanto no tan sólo de lo que se hace ahora sino también de lo que se hacía antes. Ser fotógrafo es estar en contacto con el presente, pero también conocer el pasado más cercano y el más lejano, todo ello para contribuir a la construcción del futuro. Todo esto es lo que supone para mi ser fotógrafo, una cierta manera de relacionarme con la realidad, una manera que tiene pasado, presente y futuro, y que es predominantemente visual. Pero también, y sobre todo, es seguir mi vocación, es responsabilizarme de ella. Es algo de lo que no me puedo, ni debo, escaquear.

¿Qué crees aportar a la fotografía?

Mi contribución a la fotografía ocurre en dos terrenos, enseñando a fotografiar y mediante mis propias fotografías. Si no fuese fotógrafo no tendría nada que enseñar.

La relación que cultiva el fotógrafo con la fotografía no es como la que mantiene con ella el que no lo es. Esta relación del no fotógrafo con la fotografía me interesa mucho, porque resulta que el no fotógrafo cree saber qué es la fotografía, aunque en realidad ello no sea así. La fotografía es un hecho cultural muy complejo, algo que se esconde tras una apariencia de facilidad y accesibilidad. De ahí que yo trabaje para divulgarla, porque creo que es importante acercarse a ella con el cuidado que se merece. Es en esta divulgación, dirigida desde el campo fotográfico al que no es fotógrafo, donde creo que he hecho mi aportación menos inútil.

En lo que respecta a mis fotografías, yo diría que apuestan por un determinado punto de vista que es aparentemente neutro, distante y frío, pero que permite que se vea y reconozca muy bien lo que estaba delante de la cámara. Esta postura fotográfica está presidida por un deseo de modestia (como autor pretendo desaparecer, detrás de la cámara, detrás del medio, detrás de la escena), y por eso sirve y es útil. Quiero que se vea bien la escena. ¿Por qué supone una aportación? Porque es básicamente un ejemplo, un testimonio que doy al situarme de esta manera tan antinarcisista. Puede que esto llegue a servirles a otros para aclararse. Nuestra época está demasiado llena de yoes... Es este concepto de servicio prestado lo que quizás yo aporto a la fotografía. Detrás está la idea de que todos aprendemos de todos, más yo de los demás que al revés.

¿Qué es para ti encuadrar?

Encuadrar consiste en definir la línea que separa lo mostrado de lo no mostrado. Encuadrar es la esencia de la fotografía, es trazar una frontera entre lo que deseo que aparezca, y aquello que no va a aparecer, y que yo acepto que no aparezca... ¡es muy importante esto de resignarse a que inevitablemente no va a entrar todo lo que uno quisiera! El fotógrafo madura a base de encuadrar, a fuerza de aceptar que no se puede querer todo.

Pero la relación entre lo que está dentro de la fotografía, el campo, y lo que está fuera, el contracampo, es una relación complicada. Lo que no muestras debe estar implícito en lo que sí muestras, por la vía de la alusión. Muchas veces enseñamos el todo a partir de una parte, la que hemos convertido en significativa.

Para encuadrar tengo primero que haber decidido qué formato, cuadrado o rectangular, deseo utilizar. Y si es rectangular, ¿de qué proporción, 1:2, 2:3, 3:4, 4:5? Más aún, ¿vertical u horizontal? Pero todo esto va precedido de una cuestión anterior: ¿me dejo tiranizar por lo que tengo delante (es lo que hago cuando fotografío un rascacielos con el formato vertical, simplemente porque el edificio se mueve predominantemente así, en vertical), por el grafista (quien desea reservarse la última palabra en el encuadre, y me pide, por ejemplo, que trabaje con un formato cuadrado, o más sutilmente, se permite recortarme la foto para adecuarla al espacio de la página), por los usos de la época que me ha tocado en suerte? Porque el encuadre es algo que se ha planteado de formas bien diferentes a lo largo de la historia de la fotografía. De entrada se abordó de una manera totalmente subsidiaria de lo que el dibujante llama "encajar". Luego se planteó como algo que cabría corregir a la hora de ampliar, reencuadrando, de manera que la decisión tendría dos fases, una primera, en la que se decide 'a grosso modo', y una segunda, en la que se refina y ajusta el límite. También habría que diferenciar entre encuadrar y componer; lo segundo es la organización dentro del cuadro de esos elementos de la realidad con los que me quedo tras haber dejado de lado otros.

Todas estas importantísimas cuestiones tienen que ver con el oficio y con cómo digo lo que quiero expresar. Esto, lo que digo, es importante, pero quizás lo es más cómo lo digo, y este “cómo” tiene que ver con el encuadre.

Es un tema amplísimo, absolutamente conectado con el punto de vista que uno elige: dónde me situo, cómo pongo la cámara, qué relación planteo en la imagen entre el tema principal y el fondo, cómo manejo la borrosidad y el detalle... Todas estas cuestiones están implícitas en esta pregunta acerca del encuadre, entre esta frontera que separa lo incluido de lo excluido, la imagen de su contexto.

¿Qué despierta tu creatividad o inspiración en la construcción de nuevos proyectos?

Cada vez estoy más convencido que el impulso viene de unas áreas de nuestra psique que se escapan a nuestro control. Por mucho que me esfuerce yo no voy a encontrar el tema de un proyecto si no me pongo a no ponerme. Con los años he aprendido que se trataría de aprender a no tratar de inducir lo que sea. Es decir, que sólo cabe adoptar una estrategia indirecta. Si yo quiero iniciar un nuevo proyecto lo que tengo que procurar es someterme a impulsos, a estímulos exteriores, leyendo, hablando con otros, viendo películas… y este proceso es como depositar una semilla en tu interior, con la esperanza de que acabe fructificando.

Pero también hay otra manera de acercarse a los nuevos proyectos, y que consistiría en pensar que en realidad todos, absolutamente todos, y ello es así por más que parezca lo contrario, no son más que uno solo, siempre el mismo. Este proyecto único, que se esconde tras la apariencia de los múltiples proyectos que uno va haciendo a lo largo de la vida, gira en torno a un tema que se descubre muy temprano. Convertirlo en algo tangible, en algo físico, real, requiere de muchos años. Probablemente mi impulso inicial ocurrió cuando tenía 17 o 18 años. Sólo se trataría, así, de recordar ese momento en el que uno tiene una especie de iluminación, porque alguien o algo te inspira.

¿Cuál es el rasgo principal de tu obra fotográfica?

Mi obra fotográfica es seria, en el sentido de que busca ser muy ordenada. Intento crear un orden en algo que, sospecho, no lo tiene. La realidad es un lío, quizás hasta incluso un caos. A mi siempre me ha molestado esa manera de ser que tiene la realidad. Yo lucho a brazo partido para convertirla en lo contrario, en un cosmos. Por eso he evitado en mi fotografía ciertas situaciones que me resultan especialmente irritantes, por ejemplo las aglomeraciones de gente en los centros de las grandes ciudades. Durante décadas me he situado en el lugar exactamente opuesto al de fotógrafos como William Klein, Robert Frank o Gary Winogrand, a quienes al parecer no sólo no les molesta ese embrollo, sino que incluso les excita.

Pero como echo de menos el enorme sentido del humor que pueden llegar a tener esos fotógrafos (estoy sin duda cansado de tanta seriedad, que con facilidad puede convertirse en rigidez), me he puesto últimamente a fotografiar en medio del gentío, porque nunca es tarde para meterse por senderos distintos de los que uno siempre ha frecuentado.

Por todo esto digo que mi trabajo fotográfico, el más conocido, es riguroso, serio, ordenado. Es un trabajo difícil porque no es amable. En él aparentemente no hay nada dejado al azar, nada que no esté controlado, aunque siempre haya algo que se me escapa, por supuesto, y menos mal...

¿Qué fotógrafo / fotógrafa te ha influido más a lo largo de tu trayectoria?

Los que más me han servido son los que más me ha costado entender, los que más se han resistido a que entrara en su trabajo. Uno sería Walker Evans y otro Atget. Luego están todos los grandes fotógrafos franceses de mediados del siglo XIX, los de la Misión Heliográfica, los grandes fotógrafos de las obras públicas, de la ingeniería civil, que siempre me han impresionado muchísimo.

¿Cuál es tu fotografía pendiente?

Las fotografías yo me las encuentro, al revés de lo que le pasaba a Català-Roca, según él mismo cuenta en sus memorias. Al parecer él construía la fotografía mentalmente, primero la tenía en la cabeza, y luego la realizaba. En mi caso no es así, yo me la encuentro, es una sorpresa, es imprevisible. Por eso quizás la pregunta más bien sería dónde tengo previsto hacer fotografías. Hay lugares como el desierto, ciertos parajes en Asia, que me gustaría visitar para fotografiar en ellos. También me atrae enfrentarme fotográficamente a ciudades como el Cairo, Estambul…

¿Por quien te gustaría ser fotografiado?

Responderé primero con algo que es imposible: me hubiese gustado un retrato de mi hecho por Weston. Y de los actuales me gustaría que me fotografiase Martin Parr, sí, me gustaría que me hiciese una fotografía saliendo del supermercado con las bolsas de la compra en la mano. La obra de Martin Parr me gusta muchísimo.

¿Alguna obra de arte te parece insuperable?

En lo primero en que he pensado al oir esta pregunta no ha sido en artes plásticas o en literatura, sino en la música, que tiene una gran ventaja: la podemos oir en cualquier lugar. Quien me parece insuperable en este campo es J. S. Bach. Su obra es enorme, ingente, monumental, y bellísima. Además es el trabajo de alguien en quien confluye una tradición de varias generaciones de músicos, y a partir de ahí él hace que pasen otras cosas. Bach es tremendo, imponente.

Un color

¡El verde! Que además posee la particularidad de estar en el centro del espectro, entre el azul y el rojo. El verde evoca además a su opuesto, el magenta, el rosa mejicano, que me fascina.

Un fotógrafo

El que me está ocupando en estos días [septiembre 2011] es Català-Roca. Estoy encantado de volver a ver sus fotografías. Hay los fotógrafos que antes citaba, Walker Evans, Atget, los grandes del XIX, pero luego está ese fotógrafo que me interesa en un determinado momento, a cuya obra me acerco, cuyos textos leo, y ahora le ha tocado a Francesc Català-Roca.

Algo hermoso

Una buena conversación, un rato pasado con alguien, donde se establece una corriente de simpatía, un estímulo mutuo. Por ejemplo, este que acabamos de pasar tú y yo.



Próximo fotógrafo invitado MONTSE CAMPINS