dilluns, 12 de març de 2012

Flashback 136

Avanzando hacía el sur de Mauritania el trayecto era cada vez más duro, seco, caluroso y agobiante. Me había puesto el turbante que utilizan los nómadas del desierto -cuatro metros de tela de algodón teñida de índigo que tapa completamente la cabeza, boca y nariz-, llevaba una cazadora de algodón de manga larga cerrada y pantalón tejano, las cámaras envueltas con bolsas de plástico y guardadas dentro del estuche, debidamente cerrado, para protegerlas de la fina arena que levanta el viento que lo azota constantemente todo, filtrándose inclusive dentro de los relojes sumergibles. El sudor que provoca el hecho de ir tan tapado, con altas temperaturas, es un autentico alivio ya que al circular el aire refresca el cuerpo y cabeza, bebíamos más de cuatro litros de agua diarios para evitar la deshidratación. 

La pista alternaba la hamada de piedras gruesas que nos ralentizaba mucho, dunas y bancos de arena, encallábamos el Land Rover una y otra vez, donde la arena presenta puntos muy poco compactos, a modo de pozas que no se distinguen del suelo firme, cayendo en ellas el Land Rover hasta los ejes. Sin posibilidad de salir rodando, la única alternativa era descargar todo el peso del equipaje y trabajar duro para sacarlo… y hasta la próxima. En una de estos enésimos encallamientos, en el horizonte vislumbramos un tren que avanzaba hacía nosotros, agotados como estábamos, alguien del equipo, inconscientemente, empezó a correr en dirección al tren haciéndole señas con la mano para que nos ayudara. El tren procedia de las minas Miferma, era un convoy con más de cincuenta vagones cargados de mineral de hierro que avanzaba con lentitud pasmosa, pero seguro, hacía el puerto de Nouadhibou situado a unos 500 Km, el maquinista nos saludó activando la bocina del tren. 

En ocasiones teníamos que navegar con brújula, la sombra era vertical y era habitual encontrarse con cuerpos de camello muertos resecándose al sol. Fue una de las etapas más duras, largas y tediosas por la repetición de encallamientos en la arena, la dureza de la navegación y la arena filtrándose por doquier, conclusión pocas fotos. Sedientos, sudorosos y con arena hasta el tuétano pasamos la noche al raso.