dilluns, 26 de març de 2012

Flashback 138

Cuando elaboramos los itinerarios para atravesar el Sahara valoramos las tres rutas que cruzaban el desierto. La transahariana que pasa por el centro de Argelia, parte de Ghardaïa pasa por In Salah y Tamanrasset entra en Niger por Agadez y en Nigeria por Kano, ésta es la más larga. La segunda también parte de Argelia, es poco transitada, y va desde Adrar hasta Timboctou en Mali para seguir el curso del rio Niger hasta Bamako, ésta tiene etapas de 700 Km. sin posibilidades de repostar combustible, era muy peligrosa y decidimos no arriesgarnos. La ruta por la que optamos fue la que bordea la costa atlántica, pasa por Mauritania donde sólo tiene una etapa de 400 Km. sin repostaje, más tramos de pista con asfalto y entra en Senegal cruzando el rio del mismo nombre por Rosso -donde terminaba el rally Paris-Dakar-. Coincidimos con Tierry Sabine que estaba en la zona preparando itinerarios para celebrar el primer rally Paris-Dakar, una prueba histórica y mítica durante muchos años. 

Percibimos que nos íbamos acercando a la civilización a medida que el paisaje se poblaba de carteles de publicidad, iconos fácilmente identificables con bebidas refrescantes, que mantienen una estructura gráfica reconocible en cualquier idioma, otro cosa es que en las tiendas locales se encuentre el producto, pero la publicidad ya ha ejercido su labor de incitar la consumo y recordar al viajero cual debe ser su bebida favorita. 

La intendencia de la expedición se iba reabasteciendo con productos locales, siempre que lo que encontráramos fuera básico para nosotros, y el regateo formaba parte del acto de la compra. No importa lo que compres, hay que regatear, ya que los comerciantes cuando ven una oportunidad de negocio no la desaprovechan, y nosotros nos convertimos en hábiles negociantes, nuestro presupuesto era ajustado y 20.000 Km. de expedición y aventura precisaban de una buena gestión presupuestaria, demorábamos mucho tiempo en un simple compra en la que participábamos todo el equipo -haciendo unos de polis buenos y otros de polis malos- a veces intercambiábamos cosas para redondear el acuerdo pero lo que siempre fue, el acto de regatear, una ocasión fantástica de hablar y contactar con la gente donde nadie perdia y todos ganábamos algo.