dilluns, 23 de juliol de 2012

Flashback 155

A medida que nos adentrábamos al interior del continente, íbamos encontrándonos con distintos grupos étnicos con aspectos culturales muy específicos y diferenciados entre si. Una de las características más evidentes de la cultura centro africana son las máscaras rituales, que se utilizan en casí todo tipo de manifestaciones y fiestas populares donde son bailadas al ritmo de instrumentos de percusión y cuerda muy primitivos y rudimentarios. 
La fiesta del Poro, la mayoría de edad, la circuncisión, la muerte de algun miembro notable… y en todo evento que localmente tenga importancia, ellas, las máscaras, bailan encarnando los espíritus de la naturaleza, la fauna, los ancestros… son elementos casí sagrados que no están al alcance de cualquiera. Si un danzante se cae durante el baile es un símbolo de mala suerte y normalmente se desprende de aquella máscara procurando que vaya lejos del poblado o simplemente la destruye introduciéndola en un termitero y se hace con una nueva. 
Las máscaras acostumbran a ser o bien faciales que se llevan sujetas al rostro o las de encima de la cabeza; el cuerpo, siempre de varón, va ataviado con ropajes pintados o vegetales, los danzantes lo hacen en solitario o en grupo en función del tipo de baile, siendo siempre varios los espíritus que se representan. 

Las máscaras africanas son piezas que suelen despertar interés -a genios como Picasso le influenciaron explícitamente el su obra- pero también indiferencia, debo decir que de todo el grupo de la expedición creo que fui el único al que me atrapo el significado ritual y estético de las máscaras, iniciando en aquel primer viaje lo que hoy en día es ya una mini colección de arte africano. Siempre me he asegurado que la máscara hubiera participado en una danza ritual lo que se denomina “bailada” y a ser posible que fuera antigua; nunca me han interesado aquellas que son meros objetos artesanales, estético y decorativos; para mi lo importante es la carga simbólica que tienen, el misterio que les confiere su contacto con todo un mundo espiritual y la gran importancia que representa para la cultura más ancestral. 
El intercambio o compra directa con los nativos me ha proporcionado auténticos y placenteros momentos: el primer contacto, un conversación tranquila, el regateo, en ocasiones de días… para finalmente cerrar el trato, aunque no siempre he obtenido la pieza que me interesaba, todas las que tengo significan algo especial y al contemplarlas puedo sentir nuevamente toda la intensidad de África.