dilluns, 30 de juliol de 2012

Flashback 156

Bamako capital de Mali, una gran urbe densamente poblada y bulliciosa, fue paso obligado en nuestra ruta, ya que debíamos conseguir diversos visados de países que no tenían representación diplomática en Europa. La mayoría de los visados los conseguí en Paris, otros en Madrid y el resto en los países que estaban bajo el área de influencia de Malí, por eso el paso obligado por su capital. Conseguir visados en África es tarea lenta: primero hay que localizar las legaciones donde los expenden; luego debes interpretar la legalidad exigida por del país y por último esperar un largo, muy largo tiempo. Como nosotros éramos un grupo de seis personas los trámites se ralentizaba enormemente hasta que descubrí que si yo firmaba en nombre de los miembros del equipo la cosa marchaba mucho mejor, ya que lo que realmente les interesaba (al igual que cualquier organismo oficial de cualquier país) eran las taxas que iban a cobrar por la gestión. 

El rio Niger cruza la ciudad, pero no fluye en dirección hacía la costa lo hace hacía el interior del continente: en Timboctou da la vuelta; sigue hasta Gao y allí es donde inicia su recorrido hasta desembocar en el mar en Nigeria. 
Las dos orillas de Bamako estan unidas por un largo puente sobre el rio Niger, híper transitado en horas punta, donde se puede perder la paciencia y el sentido del oído, ya que el nivel de decibelios emitido por las bocinas de los coches, increpándose unos a otros y culpándose de la dificultad por avanzar, es de récord guinness. La ciudad se caracterizaba por edificios bajos de una o dos plantas de los que sobresalían las mezquitas, los edificios gubernamentales, los hoteles para los turistas y algunos árboles diseminados entre las construcciones. 

Uno de los deportes en auge era el fútbol que se practicaba en cualquier espacio y con nulo equipamiento, hoy la selección Nigeriana de fútbol es un fuerte rival. El supuesto campo “reglamentario” que pude ver, lleno de espectadores, distaba mucho de ser como los que tenemos en casa. El terreno de juego era más ancho que largo con un árbol en el centro; los bordes tenían forma de paralelepípedo sin las bandas señalizadas del terreno de juego; el centro del campo no estaba centrado sino bastante desplazado hacía la banda derecha… del arbitro no hablaré, como dicen algunos entrenadores, y por si fuera poco una de las porterías tenia como fondo una gran pared de bidones de combustible de 200 litros cada uno, que siempre deseé que no estuvieran llenos como solía ser lo habitual, al menos, en el África de aquellos tiempos.