dilluns, 3 de setembre de 2012

Flashback 161

Nuestro paso por Costa de Marfil fue rápido, ya que el país disponía de buenas carreteras y si a eso le añadimos que buena parte del material foto cinematográfico que obtuve se perdió en uno de los envíos que realizábamos periódicamente, debo decir que –aunque siempre queda algo- no es mucho del que dispongo. 

En África los forjadores son respetados por estar en contacto con las fuerzas de la tierra y el fuego. En el poblado de Koni extraían el mineral de hierro de forma ancestral: de un pozo de reducido diámetro, de unos 20 metros de profundidad, del que partían diversas galerías en todas direcciones y al que los mineros descendían atados con una cuerda y provistos de un cesto que una vez cargado era izado por medio de cuerdas. El mineral es procesado en los “altos hornos” que son como una caja cónica rematada por un agujero por donde salir el humo. Éste permanecía durante unas dos semanas al fuego antes de ser trabajado en las forjas. 

Los forjadores trabajaban en un cobertizo abierto por los laterales en el que tenían instalada la fragua; un pequeño horno de barro por el que insuflan aire con un ventilador manual, manejado por el aprendiz, que permite una buena combustión del carbón con el que calentar el hierro al rojo vivo. En los yunques minúsculos anclados en el suelo se va dando la forma a las piezas a golpes de martillo, templando la pieza en un pequeño recipiente lleno de agua que suele ser una palangana vieja o una llanta de camión adaptada para contener el agua.