dilluns, 17 de setembre de 2012

Flashback 163

Las grandes ciudades no constituían motivo de parada en nuestra ruta si no era imprescindible. Abidjan era una ciudad cosmopolita de aspecto muy europeizado y densamente poblada, si lo comparamos con la densidad de población del país, està situada entre los meandros de la laguna Èbriè, y como capital de Costa de Marfil reúne un numeroso grupo de etnias entre las que destacan los baulé. En Abidjan nos percatamos del pluralismo religioso del país: un 23% de musulmanes; un 13 % de cristianos y el resto mayoritariamente animistas. 

Para un viajero es obligatorio, así lo creo, una visita al mercado el punto de reunión donde tienen lugar las actividades sociales, comerciales… de y entre las distintas culturas y poblados. Abidjan tenia varios mercados ubicados en los distintos barrios; el central está en un gran edificio de dos pisos en el que me senti atrapado, como una abeja en un panal, por la inimaginable cantidad de productos que se podían encontrar, claro que yo consciente o inconscientemente comparaba con los mercados que nos habíamos encontrado en los poblados del interior del país por donde pasamos -todos ellos propios de una economia de proximidad y a veces de subsistencia- y el impacto aun era mayor, ya que el mercado central de Abidjan parecía disponer de todo, para todos y todas las etnias y culturas. 

Como en todos los países del mundo un mercado genera un gran bullicio y un ir y venir de gente, donde no solamente se puede comprar, también en sus alrededores se pueden contratar los más variopintos servicios como: confección de ropa, peluquería, barberia.. donde en plena calle y por un módico precio te dejan perfectamente peinado, y la barba rasurada. Las herramientas, por así llamarlas asustan un poco, pero la numerosa cola que había en algunos de los chiringuitos daba fe de la profesionalidad del titular.