dilluns, 7 d’octubre de 2013

Flashback 216

Seronera Lodge era un oasis en mitad del Serengeti, situado entre unas enormes rocas volcánicas que emergían de la seca sabana donde ésta se apoyaba y jugaba con ellas arquitectónicamente, todo un lujo para aquellos que veníamos tragando el polvo de un montón de kilómetros por África. 
Como nuestro equipo de apoyo nos había inyectado reservas económica y nuestro cuerpo hacia días que no disfrutaba de un baño –como tal-, alquilamos habitaciones para tres, y por turnos nos sumergimos indefinidamente en la bañera, que terminó atascándose por la gran cantidad de barro acumulada, ya que también aprovechamos para hacer la colada. 
Después de un buen te y una buena dosis de Resochin para la malaria, decidí dar un paseo por los alrededores esperando que llegara la hora de cenar, siempre acompañado de mis cámaras por si encontraba algo interesante que fotografiar. Me entretuve con unos marabús y al rato el coche de los guardas me invitó a subir en él para regresar, ya que me contaron que hacía pocos días una turista fue atacada por un “chetah” y que con anterioridad otros turistas, también, tuvieron sus más y sus menos con la fauna salvaje, ya que ésta era la hora en que los depredadores inician su jornada de caza y que a causa de estos accidentes recientes, ellos cada día salían a la busca y captura de clientes despistados del Logde. 
La última foto que tomé del Seronea fue el cráneo de un búfalo cafre con el sol poniente tras unas acacias.