dilluns, 28 d’octubre de 2013

Flashback 219

N’goro N’goro y el lago Manyara eran nuestras próximas etapas. Para descender al cráter del volcán N’goro N’goro no nos dejaron pasar con nuestros vehículos y tuvimos que alquilar un tour turístico que permitía: ver, fotografiar y disfrutar de la fauna residente en el cráter a escasos metros del coche.
La visita al N’goro N’goro, organizada, y el parque Nacional Manyara, libre, fueron donde pudimos contemplar un mayor número de especies de la fauna africana, dedicándonos a ello hasta la puesta de sol. En Manyara habíamos buscado infructuosamente las leonas en los árboles y fotografiado las parejas de rinocerontes blancos y negros, y ya salíamos del parque cuando pinchamos un neumático en medio de la nada, mientras el sol iba escondiéndose. Retomamos la marcha ya con los faros del Land Rover encendidos e íbamos siguiendo la senda cuando nos encontramos un curso de agua con un elevado puente de troncos trapezoidal, de la misma anchura que el Land Rover por el que debíamos pasar para alcanzar la otra orilla; la sincronización del conductor con el puente debía ser de alto nivel, ya que a la mínima nos íbamos al río, y justo cuando ya habíamos ascendido el tramo vertical y los faros dejaron de iluminar el cielo para iluminar el siguiente tramo del puente, justo en mitad del puente, a unos dos metros, había un gran elefante macho, que circulaba en sentido contrario al nuestro. La situación no era fácil, ya que retroceder con la anchura del puente, de noche sin ver nada, era altamente peligroso y por la angostura del puente no podíamos apenas ni bajar del Land Rover, pero… enfrentarse a un elefante ventando las orejas del susto y que parecía no estar dispuesto a cedernos el paso retrocediendo él, era imprevisible y decidimos esperar quietos en medio de la noche a ver que pasaba. Por suerte el elefante reclamado por el resto de la manada que estaba pasando por la otra orilla, y mediante pequeños golpes de gas del Land Rover logramos que retrocediera poco a poco cegado por los faros. Respiramos tranquilos cuando llegamos al otro lado del rio y esperamos que con su lento paso la manada se alejara para ponernos de nuevo en marcha y abandonar, ya entrada la noche el parque Nacional Manyara.