dilluns, 29 de març de 2010

92 días y 18 horas de primavera

Estoy confuso, desde hace unos días sólo oigo hablar de números: millones que están donde no debían; matrimonios que saben muy bien que nada es mejor que -pagar cash-; países que descubrimos de la mano de los clásicos hoy se les sugiere que vendan sus maravillosas islas para saldar su deuda; dineros que viajan sin necesidad de pasaporte, libres como el viento y sabiendo que serán bien recibidos en cualquier parte al igual que los 92 días y 18 horas de la primavera, y por si no hubiera bastante el famoso “cambio de hora”. Mi reloj ya señala la hora correcta, pero no sé sí puedo decir los mismo de mis biorritmos.