dimecres, 10 de març de 2010

Flashback 31

Sitges, la blanca subur, comenzaba a despertarse tímidamente de los años de dictadura y a pesar del yugo y las flechas anunciando la entrada y salida de la población, llegaban aires de modernización con: el Pachá, los carnavales, una escondida playa nudista y un aumento progresivo de visitantes y turistas que requería infraestructuras hoteleras “had hoc” a las expectativas que con diseños vanguardistas se construían en descapados prometedores.
Como fotógrafo joven y curioso todo me llamaba la atención, no obstante deberían transcurrir algunos años más para que fuese consciente de los cambios que se avecinaban y supiese valorar plenamente la importancia de la cotidianeidad que nos envuelve a la que el paso del tiempo siempre le confiere valores históricos-documentales.


Mi vida familiar en los primeros años transcurría entorno a los mercados que a diario tenían lugar en las plazas céntricas de Igualada. A la hora de cerrar y a la espera de desmontar las paradas, aparecía cansinamente la brigada de limpieza de enjutos rostros, pieles arrugadas y muchos años en las espaldas armados de sus grandes escobas de bruc, capazos de caucho reciclado, no por convicción sino por carencia, vistiendo chaquetilla ajena a la plancha y gorra de plato que confería autoridad y dignificaba el oficio.
Los cambios que se avecinaban se manifestaban en la plaza del Generalísimo con incipientes remodelaciones de comercios, zumbidos de Vespa y Lambrettas, ropa tejana y faldas más cortas.
La observación de este entorno me indujo a fotografiarlo en su monótono y repetitivo transcurrir diario, una época que tenía los días contados y merecía un espacio en la memoria.