dilluns, 4 d’abril de 2011

Flashback 87

En mi formación como fotógrafo, necesitaba entender a fondo la luz artificial, ver distintos efectos que la direccionalidad lumínica producía en las personas. Algunas veces la cuestión surgía de repente y a cualquier hora y espacio, si no tenía un modelo a mano, utilizaba una busto de Séneca que tenía de las prácticas de dibujo al carboncillo, o me hacía un autorretrato situando un pequeño espejo en el punto de vista de la cámara, donde mi reflejo marcaba el punto de incidencia lumínica en mi rostro, mientras yo me iba moviendo hasta encontrar la posición que capturaba con un disparador de cable muy largo. Normalmente utilizaba una lámpara Photoflood de 250 o 500wts, con un foco de pinza, que iba perdiendo calidad lumínica con el tiempo que al blanco y negro no le afectaba la variación de la temperatura de color.