dilluns, 3 de desembre de 2012

Flashback 174

Salimos de Benin y a muy pocos kilómetros ya estábamos en Lagos, la capital de Nigeria, una de las más pobladas, anónimas, corruptas y peligrosas de las que visitamos a lo largo de la expedición. En los suburbios de la capital pequeñas bandas muy agresivas controlaban a sus habitantes, la población de Nigeria a diferencia de otros países africanos (mayoritariamente francófona) es de habla inglesa. 

No coincidimos, pero sabíamos que un dia a la semana se efectuaban ejecuciones públicas de condenados a las afueras de la ciudad, el motivo era la reciente guerra civil que había enfrentado a los Hausas del norte con los Ibos del este que deseaban la independencia y el control de los recursos petrolíferos. Pudimos apreciar en las fachadas, totalmente acribilladas de balazos, de algunas casas abandonadas las consecuencias de los combates entre ambos. 

Era frecuente encontrarse con todo tipo de artesanos y personajes que con su negocio a cuestas (nunca mejor dicho) recorrían las calles: los curanderos desplegaban, en cualquier lugar, su expositor con ilustraciones de las enfermedades más comunes y de los remedios o pócimas más idóneas para su curación, éstas las suministran y aplican en plena calle, desde inyecciones a pastillas o remedios tradicionales como los grigris; los modistos llevaban la máquina de coser en la cabeza en busca de trabajo -si tu les dabas la tela en un plis plas te confeccionaban una camisa o te arreglaban unos pantalones-, éstos, los artesanos, solíamos encontrarlos alrededor de los mercados o en concurridas gasolineras. En Nigeria también son conocidos los artesanos que trabajan el bronze con la técnica de la cera perdida, logrando unas magnificas y excelentes esculturas. 

Debo decir que procuramos abandonar con cierta rapidez la capital de Nigeria, ya que si su trafico era caótico, la ciudad era dura y difícil.