dimecres, 23 de febrer de 2011

23-F. El golpe de Estado

Los semáforos alternaban su paleta de colores, desde el taxi, en Rambla Catalunya de Barcelona los peatones se me antojaban más altos, en la radio el cansino sonido de la votación parlamentaria llenaba el espacio entre conductor y pasajeros, el semáforo rojo detiene el vehículo, y de inmediato interrumpiendo la votación suena una fuerte y autoritaria voz “ ¡quieto todo el mundo! ” nos cruzamos las miradas con Teresa y segundos después varios disparos atronaron en el hemiciclo, la Guardia Civil había irrumpido en el Congreso de los Diputados.


Llegamos a nuestro piso de la calle Diputación ansiosos de noticias y conectamos todos los posible medios de comunicación ( radio y TV ) que podían informarnos -el teniente coronel Tejero pistola en mano era el centro de las imágenes que una cámara autónoma seguía grabando-. El suceso resultaba increíble, ridículo y un punto aterrador, en plena democracia salían de nuevo los reaccionarios insatisfechos, daba pereza pensar que tendríamos que volver ha empezar de nuevo.


El nombre me sonaba… y los situé en Capellades, la vecina población de Igualada mi ciudad natal, donde hacía años Tejero estuvo destinado como comandante de puesto de la Guardia Civil -toda una pieza- bien recordado por sus habitantes.


Los leones de las Cortes, Daoíz y Velarde pronto dejaron de ser protagonistas de las imágenes emitidas por TV para pasar a las ventanas laterales y la entrada secundaria, por donde salió la diputada Anna Balletbó, embarazada. La angustia de aquellas horas vividas delante de la TV, con la oreja pegada a la radio y llamando por teléfono a compañeros, amigos y familiares se calmó con la aparición del Rey. Respiramos de nuevo y descubrimos que nunca hay suficiente democracia, y que lo que se quiere hay que cuidarlo.