dilluns, 9 de gener de 2012

Flashback 127

Habíamos iniciado la “Expedición en moto Igualada-Kilimanjaro” con una despedida multitudinaria de la ciudad al grupo expedicionario. En las primeras etapas, de tramite, atravesamos la península con el Land Rover y las dos motos de trial Bultaco Sherpa modificadas, realizando de promedio unos 400 km. por día. 

Marruecos, el más cercano de los países lejanos, ya lo había visitado con anterioridad, y lo cruzamos sin visitar sus emblemáticas ciudades, sus zocos, sus monumentos… nosotros buscábamos el Sur, más al sur de Marrakech y las cashbas de las estribaciones del Atlas donde comenzaba el desierto, la verdadera aventura, aquella que me interesaba capturar fotográficamente. 

El desierto impone por su solitud, magnificencia e inmensidad; por el contraste de calor y frio, por la solidaridad y hospitalidad: por sus horizontes cambiantes a los que parece no llegarás nunca… y porque cuando tienes la sensación de estar perdido aparece un persona, de la nada, que te acoge en su haima

Con el transcurrir de los primeros días de la expedición por el desierto ya intuí como serian los meses siguientes: un continuo trato real y directo con los pueblos y civilizaciones vinculadas a la tierra por donde circularíamos; a los elementos más sorprendentes y chocantes; a culturas con un alto y gran respeto por sus ancestros, espíritus, religión, magia… Para un fotógrafo pensar en todo lo que se avecinaba era de lo más estimulante, y en ruta por el continente africano hacía nuestro objetivo final el Kilimanjaro, solo ansiaba poder capturar todo cuanto se me presentara ante mis ojos para así poder documentar mi especial cuaderno de viaje fotográfico. Si los exploradores del IXX lo hacían con dibujos y notas yo tenía a mis inseparables compañeras de viaje, mis cámaras.