dilluns, 23 de gener de 2012

Flashback 129

El comercio entre poblaciones y asentamientos en los bordes del gran desierto era una de las principales actividades de la población que se desplazaba con todo tipo de medio de transporte, sin importar lo más mínimo, lo lejos o cerca que fuera su destino. Las bicicletas acostumbraban ha ser chinas, pesadas y robustas para soportar pequeñas cargas; las mujeres solían desplazarse a lomos de los pollinos cargados con alforjas; los viejos camiones Renault, Bedfor, Isuzu… transportaban la mayoría de bultos pesados y encima de ellos tantos pasajeros como fuera posible. 

Las principales vías que suelen utilizarse en los desplazamientos por el desierto pasan por las dunas de arena y las planicies de negras piedras sueltas también llamada hamada. La velocidad de circulación de los vehículos a motor por el desierto se regula en función del tipo, características y dureza del terreno por donde se circula. En la arena el viento produce ondulaciones o fez fez que debe afrontarse a la velocidad constante de 30 o 60 km por hora según sea la cresta y separación de la ondulación. En la hamada, al seguir casí todos las mismas rodadas, también se producen ondulaciones intermitentes ( como una plancha ondulada ) y en función de éstas hay que ajustar la velocidad del vehículo, si no se hace éste no dejará de saltar, y aunque muy molesto, lo peor es que de pronto se empiezan a perder piezas del vehículo. En las hamadas de superficies pedregosas grandes, la conducción debe ser muy cuidadosa ya que es frecuente, por el tamaño de las piedras sueltas, rebentar una rueda o una llanta como sucedió con una de las motos.