dilluns, 29 d’octubre de 2012

Flashback 169

Togo, la antigua colonia alemana, fue otro país de transición en nuestra ruta. Con unas treinta etnias diseminadas en un territorio pequeño, largo y estrecho; con un importante tráfico de contrabando de cacao, alcohol, tabaco y diamantes y un liberalismo económico hacían de él una pequeña Suiza en el África occidental. 
Las formalidades de entrada fueron farragosas y pasamos mucho tiempo en la frontera donde nos acompaño un “sapeur togolés”, ésta es una persona que se siente guapa, que se viste bien, que se esfuerzas por destacar en el entorna y que lo hace dedicando en ello parte de su dinero y mucho tiempo. Es una tendencia minoritaria pero arraigada en algunos países africanos, y es en los días festivos donde “los sapeurs” lucen sus mejores galas. 

Lomé, la capital, tiene largas playas donde la brisa marina agita los cocoteros, los nativos acuden por la tarde a refrescarse, ver romper las olas, pero por lo que pudimos ver nadie se baña –quizás fuera por el gran pantalán que adentrándose hasta aguas profundas flanqueaba un extremo de la inacabable playa y, mediante el cual se descargaba mineral desde la estación ferroviaria situada en el mismo puerto, donde convivían grúas y cocoteros-.